Circuito de la Memoria Material

Observatorio de Mnemobjetos. Teatro de objetos documentales en Argentina

        Texto colaborativo coordinado por Shaday Larios

*Este texto es resultado del laboratorio Teatro de Objetos Documentales impartido por Shaday Larios en el Posgrado de Teatro de Objetos, Interactividad y Nuevos Medios del Departamento de Artes Dramáticas de la Universidad Nacional de la Artes, Argentina, del 27 de mayo al 1 de junio del 2019. Forma parte del proyecto “Circuito de la Memoria Material. Laboratorio de Teatro de objetos documentales. Escrituras colaborativas. Cuba, Argentina, Brasil” y apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México.

El texto colaborativo se comprende aquí como un tejido escritural de voces y vivencias personales sucedidas dentro de un espacio compartido en el que se han intercambiado perspectivas, registros de lo sensible sobre un tema común. Es un amplificador, una apertura de la experiencia de un laboratorio escénico en el que han participado un grupo limitado de personas e intenta ser otra manera de pensar la durabilidad y la resonancia de los procesos pedagógicos y creativos, en este caso, enfocados a un modo de hacer: el teatro de objetos documentales. Más que forzar un entrelazamiento busca respetar las diferencias por lo que siempre será un texto fragmentario. Las discusiones grupales y ejercicios finales, le dan cuerpo a esta forma de discurso. De algún modo, es como entrar en el convivio pedagógico y sus líneas sutiles, a partir de otro soporte. Los nombres de los participantes y co-autores de este texto, irán apareciendo durante el mismo.

Desmembramos materialidades afectivas, afectadas, des-afectadas en un lapso de treinta y dos horas de inmersión en un laboratorio de Teatro de Objetos Documentales guiado por mí, coordinadora de este tejido. La inmersión se dio a su vez en un repertorio selecto de lo inanimado, disgregado en mesas que devinieron observatorios problemáticos, pequeñas clínicas para comprender entre 28 miradas, en qué consisten las fuerzas que rodean a esta práctica emergente a partir de casos singulares. Vimos aparecer palabras, preguntas que sólo podían ser respondidas desde un pensamiento situado en el íntimo vínculo que acontece entre una persona y una cosa. La complejidad del escenario animista más personal se abrió debate cada día entre la potencia de lo auto-referencial material y la pujante necesidad de auscultar la dimensión micropolítica del yo por vía de esa otra presencia puesta en diálogo.
Las mesas-observatorios (oficinas de experiencia) fungieron como ágoras reducidas por las cuales compartir estas memorias objetuales que salían de cajas, cajones, armarios, escondites, zonas silentes o secretas como impulsadas por una necesidad de revelarse públicamente. Fuimos testigos de ese paso. Porque las mesas estaban habitadas por objetos que nos importaban, traídos y elegidos a conciencia para ser interrogados, ellos y nosotros. Le aplaudimos a los documentos que retornan, a los que resisten a la liquidez del tiempo, a los reencontrados o a los que habían estado ahí desde siempre con un discurso en la punta de un lenguaje que tiene señas propias y que precisan de un ojo, de una mano, de un registro sensible que capture y visibilice sus signos vitales humanos o no-humanos. Objetocentramos con el rigor de quien desea adentrarse en el idioma de una especie desconocida, esa que se levanta despacio entre un gesto y otro gesto irreverente al inconsciente del consumo materialista. Y la especie comenzó a ser, comenzó a proponerse como consistencia, como intensidad apenas sentida que puede llegar a tomar futuros cuerpos en el teatro local o en otras prácticas socio-estéticas.

El Teatro de objetos documentales (TOD) se compone de tantas vías de exploración como diferentes relaciones entre materialidades y sujetos existen en el mundo. No tiene fórmulas. No tiene técnicas. Tiene acercamientos, premisas flexibles, estrategias mutables, percepciones comunes aunque jamás idénticas. Nos aúna el misterio de una memoria vertida en algo que a su vez da cuenta de ese acto de transferencia, o de inmanencia. En ese “dar cuenta” estamos incluidos, incluidas. Digamos que el TOD es la teatralidad específica que surge en el detenimiento de “dar cuenta” y “darse cuenta” de que hay un registro nuestro o un registro material no-humano aconteciendo, que si bien desborda todo limite, está cercado por evidencias. Y en esas contracciones entre materia, memoria, documento surge una figura denominada mnemobjeto. Un punto de confluencias que puede re-definirse una y otra vez de acuerdo al tipo de sinergias suscitadas entre los cuerpos, lo inanimado convocado y los contextos remitidos. Sus acepciones cambiarán en el desplazamiento de áreas, no es lo mismo un mnemobjeto extraído de una zona de conflicto (una catástrofe social o natural), que un mnemobjeto que ha permanecido toda su biografía en la vitrina de la casa familiar, que uno que es un trozo de piedra que se remite a sí misma como agente de vida. Sin embargo todos son archivos de algo, disparadores de afectos, receptáculos de un registro que puede ser actualizado inagotablemente. Entre quienes participamos de esta inmersión, generamos premisas individuales y colectivas para tratar de entender lo que era un mnemobjeto de acuerdo a las problematizaciones de la historia de nuestras cosas y de las cosas, puestas en conflicto. Y de unas ochenta que se reiteraban entre ellas con palabras distintas, aquí se destila una treintena que sostiene al mnemobjeto en el observatorio argentino:

Un Mnemobjeto:

1. Es un agente que activa, a través de la materia, el dispositivo de la memoria.

2. Guarda información como chip tecnológico. Requiere de especialistas para ser decodificado.

3. Su imagen y apariencia es sólo un aspecto. Debajo de ella se esconden capas de memoria de distintos espesores y densidades.

4. Emerge de un estricto y comprometido ejercicio de observación y afectación, de dimensionarlo en capas y sustratos para hacerlo hablar por sus poros y hendiduras.

5. Narra relaciones matéricas e intramatericas; remite a procesos.

6. Es una pista del pasado que hace huella en el presente y se proyecta hacia el futuro.

7. Es un viajero del tiempo, nos traslada a dimensiones inconscientes.

8. Construye caminos entre lo individual y lo colectivo, entre lo privado y lo público.

9. Es expansivo, busca cómplices.

10. Presenta rastros de sus relaciones. Las marcas se tornan huellas.

11. Es un sobreviviente que te impulsa a buscar otras voces, testimonios, evidencias.

12. Son destructores del silencio

13. Es intensivo: redistribuye percepciones, cuerpos y sentidos.

14. Esta ahí para comunicar, no tienen boca, pero tiene un lenguaje propio.

15. Es un cofre de afectos y de intensidades humanas y no-humanas.

16. Puede tener pervivencia propia, volviéndose independiente del poseedor.

17. Tiene un enigma y un misterio que lo pueden acercar a hechos y relatos míticos.

18. La necesidad, el deseo y el azar operan creativamente sobre ellos

19. Pueden ser sostenes de utopías

20. Pueden ser una mentira.

21. La psiquis del objeto es una química.

22. En tiempos de dolor, de incomensurable dolor, acompaña, repara e integra.

23. ¿Nos hacen convivir con la muerte?

24. Es un ampliador de sensaciones, emociones y experiencias.

25. Tiene la pulsión de lo sagrado

26. Es obtuso e incapturable: siempre hay resto y tránsitos de lo virtual a lo actual, de lo actual a lo virtual.

27. Nos interroga.

28. Es una fractura en el espacio-tiempo.

29. Tiene potencial micropolítico.

30. Es un archivo poético

31. Ofrece resistencia al vacío y al olvido= Okupa.

¿Cómo se construye un mnemobjeto para el TOD u otro formato socio-estético que busque una práctica viva de la memoria?¿No son todos los objetos mnemobjetos en potencia? ¿Porqué pensamos que no existen sin una mediación que los capture? Lo que leerás en lo que sigue es un ensamblaje de vivencias, interrogantes y pensamientos alrededor de este término y sus derivados, puesto en práctica y en discusión. Mnemobjetos algunos que se interrelacionaron para encontrar líneas afines, tratando a su vez de mantener su particularidad en el mínimo de tiempo, aspecto que jugó en contra de los matices de la profundidad, al menos en este encuentro. Las mesas observatorios derivaron por temáticas que les daba una suerte de dramaturgia común para después replegarse en breves unidades objeto-biográficas. Las temáticas procedían sólo de objetocentrar. La brújula fueron siempre el grupo de mnemobjetos congregados por azar, lejos de tratar de invadirlos con aspectos que no estuviesen ya contenidos en ellos. Así una mesa-observatorio u oficina de experiencia trabajó sobre la idea de fractura desde distintos ángulos, fracturándose ella misma en varias mesas individuales; otra sobre objetos que sin querer resultaron ser todos de la época de la Dictadura Militar Argentina aunque aquí fueron tratados desde la microhistoria; otra sobre las relaciones afectivas familiares que se registraban en el repertorio reunido a manera de árbol, de enredadera genealógica; otra sobre tecnologías obsolescentes que se mantenían como custodias de memorias importantes; y una última encontró el hilo conductor de los refugios, los muebles y recintos oscuros en los que los mnemobjetos suelen cuidarse del paso acelerado de lo de “afuera.”Este tejido es un muestrario mínimo, fragmentado en narrativas de distintas índoles, de este encuentro centrado en la materia que desea ser encontrada, en la materia que de por sí, ya da cuenta.

Del observatorio de la fractura
La fractura/ La oquedad/ Mónica Martínez
La oficina de trabajo constituida por Matías Barreto, Mónica Martínez, Héctor Sánchez y Cecilia Wahlhutter trabajamos en torno a objetos diversos que provenían del universo histórico personal y también de la producción artística. Aparecieron algunos objetos en común, como las fotografías familiares, objetos de la infancia o la adolescencia y un grupo de objetos, obras realizadas en vidrio que pertenecían a otra comunidad objetal. A partir de la observación de una de esas piezas fracturadas establecimos la asociación con lo que se producía al tomar contacto con los objetos personales. Aparece la idea de la fractura como eje del dispositivo sobre el que se va a trabajar. Las fracturas en la memoria, en lo vincular, en lo familiar, en lo social.
Tomar conciencia de esa condición nos llevó a profundizar a cada uno en su espacio/tiempo con su material, con algunas preguntas como pistas. En los pliegues del quiebre, la molécula recuerda. ¿Algo fue congelado? ¿Por qué las cosas tienen bordes? ¿por qué las cosas no desbordan?¿ Qué pasa cuando desbordan?
Mi trabajo indaga esos pliegues de bordes y desbordes desde algunos conceptos desarrollados por Bachelard, Merlau-Ponty, Benjamin y Bourriaud.
Intensidades/intimidades/estéticas de lo oculto/ memoria poetizada/ /miniaturas/microespacios/macroespacios/topofilia/ la inmensidad íntima/dialéctica de lo de adentro y de lo de afuera/residuos/restos/ jeroglífico/relacional/ exforma/
Topofilia/se aspira a determinar el valor humano de los espacios de posesión, de los espacios defendidos contra las fuerzas adversas, de los espacios felices, de los espacios amados/espacios ensalzados/agazapar (pertenece a la fenomenología del verbo habitar, sólo habita con intensidad quien ha sabido agazaparse…)
Los objetos son relacionales porque dependen de la experiencia. Abordar la caja implica sumergirse en una superficie topológica relacional hecha de objetos de todo tipo, en conexiones variadas y variables.
Los objetos son jeroglíficos en los que yacen congelados en fragmentos diversos tipos de relaciones. Una cosa no es nunca meramente una cosa, un objeto, sino un fósil en el que una constelación de fuerzas se ha petrificado. Las cosas no son nunca simples trastos inanimados, insignificancias inertes, sino que consisten en tensiones, fuerzas, poderes ocultos en permanente intercambio. Hay una fuerza liberadora que anida en las cosas. Movilizar esas fuerzas comprimidas con el fin de despertar lo que se va marchitando para acceder a esas fuerzas. Las cosas podrían hablar las unas con las otras por medio de esas fuerzas.
Las cosas y los objetos no son neutros, son complejos. Nuestra relación con ellos no es distante, cada cosa u objeto habla a nuestro cuerpo y nuestra vida, están revestidos de características humanas (dóciles, suaves, hostiles, resistentes). El ser humano está investido en las cosas y éstas están investidas en ellas. Un sitio donde el deseo humano se manifiesta o se cristaliza.
El objeto es una exforma, un lugar donde se desarrollan las negociaciones fronterizas entre lo excluido y lo admitido, entre el producto y el residuo. La forma atrapada en un procedimiento de exclusión o de inclusión.
Objetos que se abren. La caja cerrada pertenece a la comunidad de los objetos, ocupa su lugar en el espacio exterior. ¡Pero se abre! En ese momento acaba la dialéctica. Lo de afuera queda borrado de una vez y todo es novedad, sorpresa, desconcierto. Lo de afuera ya no significa nada, incluso es paradojal, las dimensiones del volumen ya no tienen sentido porque acaba de abrirse a otra dimensión: la dimensión de la intimidad; para quien se sitúa en la perspectiva de los valores de la intimidad, ésta puede ser infinita.

Piedra Bruja. Texto de escena.
Una caja, objeto de objetos que guardan objetos. Tengo muchas cajas y valijas con cosas, objetos que voy seleccionando o guardando aleatoriamente. Esta caja /objeto es un mnemobjeto. Un mnemobjeto es un recipiente, un receptáculo de fantasmas, cruce de tiempos, formas, materialidades, un médium, un soporte físico para que se manifieste el ánima de las cosas; como éstas que han sido puestas aquí a compartir este espacio tiempo de la caja.
Esta caja guarda por ejemplo (descripción de los objetos entre los que se exponen fotos de antepasados familiares)
Mi “piedra bruja”. Una piedra no es un objeto, es materia; pero hoy es mi objeto de poder, un fetiche. Una piedra bruja es una roca de cualquier tipo que tiene un agujero natural causado por una corriente de agua. Se encuentran en ríos, mares, arroyos. Llamadas piedras de hechicera, piedras de Diana, piedras de hadas, piedras de Odín.
En ese otro mundo, invisible para la mayoría de los humanos, se dice que están tocadas por las manos de los dioses y que ellas son las que eligen a aquellos humanos que se sienten suficientemente vivos y despiertos para descubrirlas y merecer ser acompañados. Se consideran un regalo de la Madre Tierra para aquellos que al mirar más allá, consiguen ver ese agujero que se dibuja y desdibuja según ellas te elijan. Debe atarse siempre con una cuerda o cinta de color rojo para ahuyentar malas energías.
La memoria es como esta piedra, llena de agujeros, perforaciones, cavernas, recovecos. Cada uno de sus espacios texturados guarda una imagen, un momento, un hecho. Está quieto ahí, sólido, a la espera de ser activado y revelar sus secretos, sus confesiones.
¿Cuánta fuerza, cuántos flujos han sido necesarios para esculpir esta forma?¿qué gracias del universo cruzaron a esta piedra con mis pies en la playa de un mar de Cuba hace apenas un breve tiempo?
Desde que tomé conciencia que la piedra vino a mí y sus posibles significados, la llevo conmigo a todas partes, en esta oportunidad la puse en la caja con todos estos objetos, y de pronto se transformaron en una manifestación, una proyección desde sus orificios, parte de su banco de datos.
Los miro a través de ese portal mágico y sus imágenes se expanden, puedo ver, elijo ver aquí a estos seres de mi familia que son como las oquedades de esta piedra; están ahí, pero faltan, faltaron siempre (descripción y relato de la historia familiar).

Materia / Matías Barreto
El mnemobjeto es materia, es dinámica encapsulada, ralentizada/ El objeto recuerda su génesis, sus estados, encuentros y tránsitos/ Inscripto en los pliegues de la materia, el inconsciente geológico se manifiesta ¿Cual es la lengua secreta que susurran las piedras, las aguas, los incontables granos de arena, imposibles de separar del polvo plástico y metales y huesos, que se reacomodan incesantemente en alguna playa?/¿Qué órganos son necesarios para rozar la memoria objetual? ¿De qué manera percibir la memoria de los objetos co-existentes sin capturarlos, someterlos y violentarlos con la gastada lengua humana, demasiado humana…?/ El mnemobjeto construye su plano con verbos, pone en escena unas dinámicas que (nos) recuerdan el drama de la materia/
Un crujido llega a mi oscuridad. El objeto tiene toda su luz. No hay nada que alumbrar. De repente, un intruso… Es el objeto el que nos revela el drama de la materia capturada en la forma. En los distintos tiempos morfológicos, la molécula recuerda y la dinámica del objeto se nos muestra.

Anotaciones para una posible dramaturgia del vidrio

¿Cómo aparece el mundo a quienes no ven, a quienes no escuchan, a quienes no viven su fragancia?
La materia es tentacular, multiforme y se despliega por múltiples vías. La materia, los estados de materia nos desarrollan órganos.
¿Acaso los vientos, el polvo, la luz, la humedad no están haciendo historias? La vida de las cosas también es puro verbo.¿De qué manera hemos logrado acallar los procesos, silenciar sus «asquerosos» ruidos?
La memoria del objeto es una química, es dinámica y molecular.
El objeto deviene cosa y en cada pliegue, capa, burbuja, la materia se entrelaza en sus recuerdos. El óxido recuerda sus temperaturas, el vidrio recuerda su paso por el agua. Cada grieta, cada surco, es circuito de memoria.
UMBRAL: Aun no encuentro las palabras para expresar este devenir.
Escarbo el sistema Tierra como un arqueólogo extraviado, buscando señales de multiplicidades en fuga, de alianzas contingentes que tejen sólidos vibrantes al tiempo que me nacen nuevos órganos de percepción. Mi sistema nervioso tiembla.

Retrato de un ausente. Texto de escena / Héctor Sánchez Cardillo
Quiero compartí hoy, con ustedes, una mirada a un oficio ambulante en particular, de los muchos que tuvieron gran importancia en nuestro país en el periodo de 1920 hasta 1980. El oficio al que me refiero en particular, en el inicio, es el de retratista fotográfico y dentro de ese gran grupo de retratistas el de fotógrafo minutero.
El dispositivo que utilizaban algunos, era llamado comúnmente maquina cajón minutero con trípode. O la maquina fotográfica tipo cañón (primera presentación de las fotos redonditas). Las imágenes de las fotos eran en blanco y negro. En un par de minutos creaba una dos o las copias que le encargaran. Eran como magos, hacedores de ilusiones, cupidos, otras veces. Robaban sonrisas para luego devolverlas en cada una de las fotos. Me pregunto en cuántos objetos o personas han puestos esos ojos atentos y curiosos de los retratistas (mostrar fotos postales, grandes y mas pequeñas).
Otra cosa que me llamo la atención, es que el fotógrafo es el gran ausente del evento fotográfico, una fractura de dos realidades, el acontecimiento fotográfico consiste en arrancar un trozo de lo real y mediante un artilugio imaginario lo transforma en un producto simbólico.
Ese cajón de construcción artesanal, tiene su complicación, tanto en la construcción como en su manejo. Constaba de una lente, dos compartimientos para almacenar el papel fotográfico, en el lateral, en su piso dos cubetas una para el revelado y otro para fijar la imagen, que se podía desplazar hacia afuera, una manga, un disparador; primero se hacia el negativo y finalmente el positivo.
Tuve oportunidad de ver todo este artilugio de cerca, porque por muchos años, cuando yo tenia 10 años en adelante coloreaba las fotos en una plaza, los fines de semana. (Muestro mi permiso: Municipalidad de Buenos Aires. Dirección de Paseos. Permiso Precario e intransferible. Este permiso habilita al portador para ejercer la profesión de “Colorear Fotos en Plaza San Martín” 3 de febrero de 1970)
Un fotógrafo minutero, alguna vez me contó, como se inicio en el oficio. Se lo había enseñado, desde muy chico, una mujer fotógrafa, la señora Carretero de Realico, La Pampa.Ella fue como una mama postiza para él.
Un lugar de trabajo en la temporada de verano, era en la laguna de Epecuen donde se tomaban baños curativos, por el alto grado de sal, estaba muy cerca de la ciudad de Carhué. Descubrí recientemente a raíz de esta presentación que Realico, Gral. Pico, Quemú Quemú y la laguna de Epecuen en el mapa es casi una línea recta. Como en Quemú Quemú vivían su madre y sus hermanos, supongo que fue un ir y venir por esa ruta de vida (mostrar foto de la ruta). Luego vino a Buenos Aires donde dio vida a miles de fotos, en cumpleaños, comuniones, en las riveras del río de La Plata en las temporadas del verano y en Plaza San Martin. Su mirada seguramente quedo grabada en tantos lugares y monumentos, el río y los juncos. También habrá quedado grabado en la mente de aquellos clientes circunstanciales ese fotógrafo de guardapolvo gris y boina.
Él ya no esta aquí, su oficio tampoco. La persona, el minutero, el fotógrafo minutero, que me contó como se hizo en el oficio de retratar tan bellas imágenes, se llamaba Mario, fue mi padre (mostrar su foto personal). Yo pintaba alguna de esas fotografías que mi papá hacia, a quien lo solicitara (mostrar su cámara con su nombre).
Él conservo cientos de fotografías personales y de familia, una parte esta aquí, fue su legado testimonial de un material valioso para la memoria que olvida (mostrar otras cámaras suyas). Aquí hay parte de su vida, de su historia tan quebrada y difícil desde muy pequeño. Todos estos objetos, lo representan, hablan por él, porque vive y seguirá viviendo en ellos.

Del observatorio de mnemobjetos de la época de la Dictadura

Catálogo caprichoso de objetos argentos / Leonardo Volpedo
 Costurero, diapositivas, cartas, cámaras de foto, adornos, zapatos, pasaportes, juguetes, mate, pava, discman, dedal, botellas clandestinas, telas, repasadores, piedras, vidrios, herramientas, relojes y otros que mi memoria ha olvidado.
Objetos que viajan por el tiempo, pasan de mano en mano, sobreviven al caos, a las catástrofes y genocidios. Objetos testigos de sujetos ausentes.
Los objetos que viajan de generación en generación, ¿por qué algunos los guardamos y otros no?¿Qué particularidad tiene el objeto rescatado? ¿El objeto sobrevive al olvido, al basural o la simple destrucción? ¿Será su materialidad lo que lo salvó? ¿Será la historia que guarda? ¿O será puro azar? Algunos objetos llevan la carga de la infancia perdida, de algún ser que ya no está, de historias de abandonos y violencias. El cuerpo como objeto ausente.Evocar al pasado a través del objeto. El objeto médium. Objeto interface.
 ¿Y quiénes somos nosotres? ¿Animistas que damos un paso al costado? ¿Dejamos de ser protagonistas por un instante para dar paso al objeto? Si tomamos el concepto de supermarioneta de Gordon Craig, ¿el objeto actúa mejor? ¿Actúa mejor porque ES? ¿Actúa mejor porque no representa? ¿Por qué lleva el drama en su materia? ¿Por qué no tiene psicología? ¿Por qué en las artes escénicas, por lo menos en Argentina, el objeto lleva la condición de marginal?
 También me pregunto por los objetos ausentes, aquellos que ya no están, pero que los recordamos porque alguna vez estuvieron. ¿Cómo es la metafísica de esos objetos ausentes? ¿Y la materialidad de esa ausencia? Añoramos lo que ya no está y lo que tenemos es nostalgia por el pasado. Los objetos dan testimonio de lo que no está.
 La etimología griega de nostalgia es: “nostos algia”, indica el dolor por un pasado ido. Dolor de los pueblos originarios y los gauchos que fueron arrancados y exterminados en su tierra por la maquinaria civilizatoria. Dolor de los europeos que sufrieron ambas guerras y que se vinieron a América a comenzar una nueva vida. La mayoría de ellos jamás volvieron a su tierra natal, murieron añorando la tierra natal.
Dolor de los desaparecidos en la última dictadura militar argentina.
Genocidios perpetrados por un poder que es implacable.
 Y los objetos sobreviven a esas catástrofes, pero llevan en sí, la carga de ese dolor convertida en nostalgia. La tragedia de un país que no puede ser. Los objetos esmaltados por esa sustancia.

Atravesar la Historia /Gastón Guerra
En nuestra mesa/oficina/laboratorio hicimos el intento de atravesar la «Historia Oficial» de algunos objetos y hallar su co-relato , y ahí pensar quizás su lado «subversivo».  Esos objetos que viajando en el tiempo llegaron a nosotros como sobrevivientes, nos trajeron vestigios de un pasado que al releerlo con nuestras marcas intangibles al tacto voraz de la Modernidad, nos llevaron a otro pulso de eso, en comunión con otres espectando. Completamos así un nuevo significado colectivo.
¿Cuántas preguntas nos tenían predestinadas estos objetos? (preguntas que siguen resonando en cuerpo, mente y espíritu) ¿Cuántas sensibilidades/explosiones nos permitió la materia?¿Cómo contamos una o varias historias sin ser redundantes, sin hablar, sin decir de más? ¿Cómo abrimos nuestra percepción para escuchar lo que realmente nos dicen los objetos? ¿Cómo hacerlo sin caer en clichés? ¿Cómo llegar al detalle de esa nueva y reveladora historia que a su vez ya es metáfora de lo que fue, es y será?
En suma, redescubrir cómo los objetos nos vuelven a reunir en ese antiguo y poderoso ritual de encontrarnos alrededor del fuego para escuchar y compartir relatos. Que sanan, iluminan, abrazan y nos devuelve a lo humano. Tan humano como los objetos.

Develar / Beatriz Blackhall
Muchas cosas sucedieron en nuestra oficina. Un encuentro de personas con diferentes recorridos dispuestos a esta aventura. Un encuentro de objetos que en principio solo representaban las historias de cada uno y que poco a poco fueron relacionándose entre sí y hablando de una parte de nuestra historia colectiva.
El detenimiento en esos objetos generó el movimiento de nuestra memoria y el de la construcción de un relato a partir de lo que ellos documentan. Una memoria poética individual y colectiva.
¿Cómo, cuándo, porqué un objeto se convierte en mnemobjeto?
Porque lleva en sí los rastros de una pequeña historia particular, personal pero también de una familia, de una comunidad, de una época, etc. Cuando se lo rescata de otros objetos y se lo hace particular, se hace un zoom in sobre él. Como protagonista de una escena que construimos para que hable, para que podamos preguntarle sobre sus detalles, sobre su materialidad, su transformación. y desde allí encontrar preguntas que no estaban en nosotros. Buscar encontrar develar preguntas universales.
Develar. Creo que en esta palabra se basa el teatro de objetos documentales y por esta acción se vuelve teatro.

Objeto Documento / Diego Lovizio
Acorde a la experiencia transitada puedo concluir (dejando abierta la posibilidad de desdecirme), que el Objeto Documento (OD) (entiendo al documento como un escrito importante) moviliza, agita territorios íntimos (“íntimo” deriva de “Timo” esa glándula ubicada al lado del corazón); cuando intimamos con el OD lo hacemos desde un lugar en donde habitan las certezas afectivas y espirituales, en donde los territorios de lo «absoluto sufren temblores».
En un macro o micro-mundo, el OD es el testigo más preciso, sincero y autentico de todo el universo de testigos presentes. El OD da testimonio desde una profundidad tan sobrenatural que su solo estar ya es “poesía”, ética y estética. El OD, en diálogo con uno mismo, provoca desprendimientos de nuestra corporalidad sentí-afecto emocional, pone al corazón sobre las palmas de las manos (estas en forma de cuenco), provocando que el alma sobrevuele por los contornos áuricos, marcando un límite para un dispositivo objetual.
Un OD, al ser intimado habla de uno mismo, de esas sensorialidades secretas que nos construyen y definen como sujetos; el Sujeto deviene en Objeto y el Objeto en Sujeto en un apareamiento intangible pero de una fuerza conmovedora dando paso al imperio de los «tiempos circulares”. El Animismo… lo Inanimado… lo Animista… Lo Intangible muta en Tangible. El Objeto Documento se sobrepone al Sujeto, quedando éste en el universo de lo banal mientras que el Objeto se ubica en el portal de lo inteligible.

Del observatorio de mnemobjetos obsolescentes
Reconstrucciones ajenas/ Paola Rojas
Llegué a una casa en un barrio distinguido de la Ciudad de Buenos Aires, una pareja de ancianos que habían dejado ya este mundo, la vendieron, pero no se llevaron con ellos su historia ni la de sus hijas, historia devenida en fotos, cartas, ropa, postales, muebles, espejos, cajones, discos, libros. Llegué ahí a vivir mi vida dentro de lo que en otros años había sido la suya. Decidí abrir el armario de un mundo que no me correspondía, y las puertas imponentes frente a mí, me absorbieron. Fotos instantáneas tomadas con cámaras polaroid de viajes por Europa y Asia, cartas de adolescentes escritas en papel doble faz durante la guerra de los seis días desde Israel, una correspondencia erótica con dibujos de diseño original, radiografías de cuerpos lastimados. Todo un archivo de una época que no viví y en países opuestos al mío. Argentina durante los años 1950-1980 y una mujer (la hija menor de los ancianos) que se me transformó en entidad a través de sus fotos. ¿Cuánta memoria puede guardar un objeto completamente desconocido, completamente ajeno? ¿Qué interés misterioso me reclama espiar la vida de alguien que no sabe que existo? ¿Y por qué pueden recobrar tanto significado los objetos ajenos en total abandono? De la curiosidad al espionaje, de la investigación a la revelación, de las fotografías a las especulaciones, de la memoria a la imaginación. Yo no los descubrí a ellos, ellos existieron y existen, de eso datan sus objetos, sus recuerdos y sus olvidos.
Más allá de la historia personal, el encuentro con objetos que sobrevivieron a más de treinta años de armario, relata y revela una memoria oculta de la cual puedo hacer interpretaciones de los datos que observo y percibo, ahora llevan dos años y medio conmigo, por lo que puedo afirmar que además de su historia original, ahora llevan la mía.
¿Cómo generar dispositivos para relatar y poner en escena los objetos documentales? Es una de las grandes preguntas que me llevo del laboratorio. El mundo de los O.D. ya está abierto, ahora queda en nosotros la responsabilidad de potenciarlos desde la experiencia vivida y hacia la escena.

Recorrido mental de objetos ausentes/ Luciano Mansur
Entro en mi habitación, lo primero que encuentro es el ropero marrón claro de dos cuerpos. Ocupa un cuarto del espacio. Todavía sigue allí. Lo usaron mis bisabuelos, abuelas, padres y ahora mis hermanos y yo. Al costado derecho esta una cajonera de cajones color naranja. Uno para cada hermano. El segundo es mío, como mi orden de nacimiento. El del medio, el entre, el que usa la ropa del mayor cuando ya le queda chica, y no tan pequeño para recibir las malacrianzas de la familia. Eso le tocó al tercero. Medias, calzoncillos. Allí está mi reloj calculadora que lucía orgulloso en primer grado en la Escuela Modelo de Pilar. De él no tengo rastro. La cajonera se estropea en un depósito familiar que antes fue de la tienda, que antes fue el atrás de la verdulería familiar. Abro la puerta del ropero. Poster de River campeón del 98. Ramón Díaz, Gordillo, el negro Astrada. Hernán Díaz tiene la cabeza cortada porque el día que mi hermano se enteró que a mi sobrina la iban a operar del corazón, descargo su impotencia con golpe de puño parecido a Van Dame, aboyando la puerta y desprendiendo la cabeza de Hernán.
Al lado de la ventana mi cama. Una de las tres que tuve. Metálica, con resortes. Hundida en el medio. Durante un año la miré desde el suelo porque había llegado mi abuela enferma, y fue a parar en ella. A la abuela se la llevo una enfermedad que ocultó por más de un año y medio. La cama fue a parar a un remate que ya no está porque se lo comió la crisis del 99.
En la mesa de luz el pervinox y las gazas con las que curaba la herida de mi abuela. Abajo, abriendo la puertita, una vaquita rosa con pintas violetas. Tenía cuatro rueditas. Le até una lana celeste y la llevaba de paseo por la casa. Sobre el piso mi querido jogging rojo. Fue la única prenda que me gustó de casi toda mi infancia. Nunca había elegido mi ropa. Mi tío se encargaba de comprar todo lo referido a cada una de las familias que integrábamos el clan libanés.
Un espejito al lado de la ventana. Me veo la cabeza rapada y dos dientes de conejo. El espejo y la imagen, aún me pregunto a dónde fueron a parar. El jazmín de novia se introducía por la venta y perfumaba todo el cuarto. Tenía que guardar de no expresar mis sensaciones porque eso correspondía a ser llamado cosas de niñas. Al lado del jazmín una parra. De cuatro generaciones con las que aún hoy usamos las hojas para cocinar wara arish (envuelto de arroz y carne).
Frente a los pies de la cama el televisor Grundign 20 pulgadas Súper Color. Era el único en el barrio y a la hora de un programa, mi padre me contaba que varios vecinos iban donde mi familia a ver la tv. Lo narraba con orgullo, el hijo devenido en burgués de una familia campesina inmigrante. Su alegría, nuestra desgracia.
La vaquita ¿Dónde está la vaquita?
Al lado del televisor, el family game y un cartucho de Mario Bross. De ese juego solo recuerdo una remera desgarrada en el hombro y un labio sangrando. Para jugar había que pasar por el monopolio de mi hermano mayor. La remera era de la tienda, la trompada del labio también.
En el televisor estoy viendo una imagen borrosa. El frente de una casa blanca con una puerta verde en el centro. Un señor de patillas y otro de bigotes ríen, separados por unos metros de distancia. Al de patillas lo conozco. Mi familia estaba de júbilo, pues alguien de la colectividad había ganado las elecciones. Debajo de la tv, la cómoda con pañales de mi hermano pequeño.
El espacio se achicó. Microondas, video cassetera, tv para cada cuarto, cámara fotográfica. Mi cuarto se achico al espacio de mi cama. Todo estaba tenso. Los electrodomésticos no calentaban el ambiente. Todo comenzó a estar tenso. Afuera y adentro. Abro el ropero en el medio. Escopetas, cartuchos. Gente rompiendo negocios, arrastrando comida dice la radio. Mi padre en la cama, desde hace un año. Barbudo, puteando la vida, la familia. Su cama amarilla, pegajosa, su mirada revirada. Se levantó por primera vez, preparó las armas. La tienda está en peligro… y el país también…

De la mesa de la genealogía familiar

Caja cápsula/ Alba Cravero
La entrada, el ticket, el passing board. Permite entrar y permanecer.
¿A dónde voy realmente?
Año a año, elijo guardar las entradas del cine en una caja de lata heredada de mi madre, anticipando y reescribiendo la memoria del objeto. De pronto, la memoria es memoria cuando es consciente de sí misma. En el acto de guardar se filtra una noción del pasado inserto en el presente. Como un paraguas para el olvido.
Así se reescribe la funcionalidad del objeto: deja de ser la alcancía donde mi madre guardaba el dinero, esa infinita entrada al futuro, a ser el lugar donde reposan las entradas que ya entraron y salieron del presente paralelo que es la sala del cine, ese mundo encapsulado.
La caja, entonces, es la entrada a las pistas que testifican el haber entrado a distintos mundos y vidas posibles, de acuerdo a mi propia experiencia sobre el cine. La caja cápsula es un eco de su propio contenido y la memoria una búsqueda sobre el propio presente.

De la mesa de los objetos que esperan
Tu vida en un álbum / Valeria Bruno
El trabajo colectivo enriqueció la mirada sobre objetos documentales muy diversos en su morfología e historia, seis tipos de mnemobjetos cuyas historias tenían que ser contadas de forma breve, pero en conjunto ¿cómo hacerlo? ¿cómo no forzarlo? este desafío no fue posible abordarlo en totalidad en tan pocos días, en principio se buscó un tema común, vinculante y encontramos los armarios, placards o depósitos, esos lugares donde guardamos objetos olvidados, que esperan ser re- conocidos; trabajamos en escena este lugar común, la idea de oscuridad, silencio, protección y quietud de esos objetos que esperan, ocultos de cualquier mirada, ser reflotados.
Por otra parte estaba el abordaje con el objeto personal, no alcanzó el tiempo para investigar sobre el material propio, solo investigamos un poco sobre formas de exponerlo sin manipularlo; en mi caso elegí fotos de mis tres años de edad, vacaciones familiares en la playa, vagos recuerdos, que a través de las fotografías fueron quitándose el polvo; éstas tomaron movimiento, se convirtieron en objetos lejanos a la imagen estática que evocan, gracias al accionar del recuerdo; también la noción de lo irreproducible de lo fraterno se hizo consciente; el resguardo del recuerdo a través de la conservación del objeto mismo en un lugar olvidado de la casa, el ocultamiento tal vez por conveniencia: ¿que elegimos recordar y cuándo? esas fotografías al ser vistas producen la reflexión de que el tiempo pasó hacia las corporalidades, lugares transitados, estados de ánimo, formas de compartir: somos también un tiempo y un lugar; de seres queridos que ya no están mas, de momentos de felicidad que no volverán y al mismo tiempo se repiten una y otra vez al observarlos plasmados en una imagen, se perpetúan con la mirada consciente. ¿El objeto por si solo podría dar cuenta de todo esto? supongo que no, el relato es necesario; sí entendí que no es lo mismo quién relata desde el lugar de protagonista y/o testigo, que quien narra desde un lugar distanciado del objeto; en el primer caso, aunque se lo quiera evitar, sujeto y objeto interaccionan de forma potente, dialogan, el sujeto es ese allí retratado en la foto (en mi caso) y distante a la vez, está en otra forma de la materialidad, entonces cualquier discurso falso es claramente detectado, cualquier palabra agregada que no sea desde lo autobiográfico y auténtico del relato queda en evidencia.
Después de nuestra pequeña muestra colectiva, pregunto: ¿Hasta qué punto una historia personal, un testimonio, es posible se convierta en documental? ¿Es necesario siempre explicitar preguntas colectivas que surgen de las historias dupla objeto-sujeto relator?¿Cómo guiar al espectador a descubrir esas preguntas sin explicitarlas?¿Qué otras tramas se tejen dentro de un relato personal que pueden ser activadores de historias olvidadas en otras personas?¿Lo documental de un objeto depende del grado de generalización en que abordamos como seres sintientes y conscientes los diferentes aspectos, elementos y fenómenos asociados a un objeto?

Objetos que mi padre conservó de su migración forzada.
Berlín, Alemania nazi de 1938/ Vivi Rogozinski

El laboratorio me llegó en un momento de plena investigación sobre los objetos que mi padre trajo y conservó de su Berlín natal, del mes de octubre del 1938, a solo días de la Christal Nacht o Noche de los cristales rotos.
Luego de transitar por varios espacios de búsqueda, al principio sola y hasta a escondidas (ya que a mi madre no le agradó nunca la idea de verme indagar en los papeles y trastos del pasado que se atesoraban sepultados en roperos, buscando cómplices que apoyaran mi búsqueda directamente en Berlín) pasé por el laboratorio de investigación «Maquetas íntimas» y ahora llego al TDO.Esperé al laboratorio ansiosamente ya que actualmente preparo un espectáculo con títeres y objetos para poner en escena un recorte de la vida de mi padre, migrante forzoso, a partir de los objetos que portó y de los que abandonó al escapar de la Alemania nazi.Mis objetos eran trasladados todos los días de mi casa al laboratorio en dos transportes públicos, lo que fue desesperante, pues despertaba en mí, instancias de cuidado exacerbado, miedo y paranoia. Portarlos en mi largo viaje en transporte era de un cuidado y un ritual importantes. Durante la estadía en el laboratorio, no pude permitir igual trato a todos mis compañeros, al acercarse a ellos. Desplegarlos y exponerlos siempre tuvo un ritual de pedir permiso, de encuentro con lo que no fue y con lo que es. A algunas personas les permitía que los tocaran, a otras no. La sobreprotección sobre mis objetos se impuso. ¿Independientemente de mi?Los objetos eligieron cuáles eran las manos que podían acceder al acercamiento más profundo. Eso me resultó llamativo. No era yo quien decidía.
¿Qué saben los objetos? ¿Qué misión ocultan, agazapados, en supuesta calma, con sabiduría añeja, conocedores de que su existencia depende de que despertemos al fin?
¿Cómo es que en la paciencia de lo aparentemente inerte, estalla un día la memoria y los que estábamos supuestamente despiertos al fin reaccionamos ante su elocuencia?
Yo funcioné como nexo para conectar a esos objetos con el afuera.
Durante el laboratorio pude conectar desde otra subjetividad, sin sentir angustia ni pesar, aún cuando mis compañeros sintieron el enorme peso de mis objetos, “míos” como un modo de decir. Los objetos que conservo son patrimonio de la humanidad y así lo confirme al mostrarlos, una vez más.
Un pasaporte portador de 4 orgullosas esvásticas, los juguetes que mi padre trajo de su casa, un revólver y una espada ¿Será que con sus 13 años pensó que con ellos protegería a su mamá y sus hermanitas? El boletín del colegio, testigo de que alguna vez pudo ir a la escuela. La valija del colegio, (su shuleranse tradicional) y una lunchera, identificándose con todas las de época. No más colegio, no más lunch, no más jugar.
Esos objetos me contaron durante el laboratorio de lo importante que soy para que el mundo sepa que ESO sucedió. Los compañeros reunidos me agradecieron lo que aprendieron, el acto de conectar con la historia mundial. Yo agradezco los nuevos puntos de vista. El mayor acercamiento a ellos. Me pregunto ¿cómo hacer para que el relato del TOD no sea literalizar al objeto?. En el caso de mis objetos me suena casi imposible, pero ¿En los otros objetos?

*Este texto será publicado igualmente en la revista digital Territorio Teatral del Departamento de Artes Dramáticas de la Universidad Nacional de las Artes de Argentina en su edición semestral que sale en noviembre del 2019.

Comentar