Circuito de la Memoria Material

Objetario Cuba S.A. Memoria insular. Un teatro de objetos documentales para la isla

                                                                                         La historia de ciertos objetos podría servir para conocer la de un pueblo entero,
la de una civilización.
Quizá cuando podamos redactar la historia de un encaje
[…] estaremos adiestrados para contar la vida de la humanidad.
Cualquier cosa, mínima y pobre en apariencia, habitual o frívola,
nos llevará paso a los grandes asuntos.
Antón Arrufat, De las pequeñas cosas

 

*Este texto es resultado del laboratorio Teatro de Objetos Documentales impartido en el Encuentro Internacional Retablo Abierto (EIRA), organizado por Rubén Darío Salazar (Teatro de las Estaciones) durante abril del 2019 en Matanzas con el motivo del 25 aniversario de su grupo, en el que participaron 20 personas. Forma parte del proyecto “Circuito de la Memoria Material. Laboratorio de Teatro de objetos documentales. Escrituras colaborativas. Cuba, Argentina, Brasil” ideado por Shaday Larios y apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México. El resultado final del laboratorio se presentó el día 13 de abril del 2019 en el Teatro de las Estaciones de Matanzas.

El texto colaborativo se comprende aquí como un tejido escritural de voces y vivencias personales sucedidas dentro de un espacio compartido en el que se han intercambiado perspectivas, registros de lo sensible sobre un tema común. Es un amplificador, una apertura de la experiencia de un laboratorio escénico en el que han participado un grupo limitado de personas e intenta ser otra manera de pensar la durabilidad y la resonancia de los procesos pedagógicos y creativos, en este caso, enfocados a un modo de hacer: el teatro de objetos documentales. Más que forzar un entrelazamiento busca respetar las diferencias por lo que siempre será un texto fragmentario. Las discusiones grupales y ejercicios finales, le dan cuerpo a esta forma de discurso. De algún modo, es como entrar en el convivio pedagógico y sus líneas sutiles, a partir de otro soporte.

El Circuito de la Memoria Material, desplegó su laboratorio de teatro de objetos documentales en la isla, antes que nada como un observatorio colectivo de la cultura material local para pensarla como un incentivo creativo, repartido en miles de singularidades posibles y no como un repertorio de técnicas y premisas escénicas que crearan la ilusión de conjunto y de dominio de un modo de hacer. Distintos aspectos de la cultura material del lugar nos llevaron a trazar varios problemas que le daban otra perspectiva a la propia idea del teatro de objetos, en este caso, documentales.
Si en el origen del teatro de objetos se encuentra la construcción de imaginarios posibles en torno a las fugas instrumentales de éstos en las sociedades de consumo, en Cuba, surgió un primer problema, un cuestionamiento de raíz que nos acompañó cada día de discusión y que tenía que ver con la confrontación de visiones materiales entre sistemas económicos, con el desarrollo histórico del comunismo y su impacto en la cultura de los objetos después de 1959, incluyendo el Periodo Especial y el tiempo presente. Por lo tanto, un cuestionamiento vinculado con la diferencia de vivencias sobre la idea de “fuga objetual”, de “desobediencia material” de acuerdo el contexto socio-político.
Para los extranjeros que veníamos a participar de este encuentro, en la isla se encontraba dada de por sí, la práctica de una especie de “poética cotidiana de los objetos”, plena de tácticas, percepciones y re-semantizaciones, que al estar fundamentadas en un factor de “excepcionalidad”, de desviación funcional de los objetos, se vinculaban a cierto sustrato, a determinada atención buscada en todo teatro de objetos emergente en el seno de una sociedad capitalista. El problema eran las fuentes, la divergencia y el contraste de impulsos, deseos y razones por las cuales los objetos accedían a tal excepcionalidad.
Ciertamente para nosotros algunos tratamientos insulares de los objetos, no dejaban de representar un descanso momentáneo al consumo desorbitado del mercado y la apreciación de fenómenos de des-aceleración, reciclaje y cuidado material (fundamentos queridos por muchas poéticas de teatro de objetos), inusuales o extintos en las dinámicas de los países capitalistas. Aunque en América Latina, todavía podemos encontrar muchas de estas fugas por vía de la supervivencia a diferencia de Europa o Estados Unidos. El choque con lo real, la comprensión de las desobediencias mercantiles que suelen tener los objetos en todo territorio en estado de conflicto, más allá de Cuba y los testimonios de primera mano, nos llevaron a alejarnos del peligro de cualquier visión “exotista”, esteticista o reducida de una sociedad que valora, resiste dignamente, re-inventa y sobrevive materialmente en un entorno de austeridad, en la que también pueden leerse los afectos impresos en el hecho.
Si en Cuba los objetos en estado de excepción constituyen el hábito bajo distintas líneas vitales ¿cómo utilizarlos, hacerlos visibles o canalizarnos como vías extraordinarias para un teatro (o teatros) de objetos documentales insular? Si en Cuba los objetos se encuentran en continuo estado de fuga a los consumos de agotamiento y obsolescencia programada que tanto se persiguen temáticamente en muchos teatros de objetos fuera de la isla ¿cuáles podrían ser las cualidades de sus propios estados de fuga de acuerdo a las biografías culturales que les da el contexto?
Con estas preguntas puestas en perspectiva y partiendo de una de las máximas del teatro de objetos documentales (TOD), “todo objeto es un archivo en potencia” y por lo tanto un generador creativo inagotable para la escena (y otras prácticas performativas), nos dimos a la tarea colectiva de rastrear y discutir algunas trayectorias sociales de culturas materiales que conviven y confeccionan el presente de la isla. Mismas que a la vez hablan de diferentes periodos históricos y que por lo tanto, documentan distintos registros de lo sensible aunque co-habitan, se entrelazan y confluyen. Esto nos permitió agrupar algunos tipos de consumos objetuales del entorno, para lo que propuse utilizar la figura organizativa del objetario: “espacio físico o virtual en el que convergen distintas formas de la materialidad cotidiana, con el propósito de comprender y analizar un cierto estado sociopolítico contextualizado. Esta materialidad cotidiana puede abarcar un amplio registro de objetos personalizados que tienen el potencial de ofrecer revelaciones tropológicas de una cultura.”
El resultado de los acuerdos entre 24 personas, de las cuales, cinco éramos extranjeras, fue lo que nombramos como Objetario Cuba S.A. Memoria Insular, una suerte de glosario poético que resumía en líneas generales lo discutido y que a partir de las categorías y apuntes encontradas entre todes, fue redactado principalmente por Norge Espinosa, Yudd Favier y en algunas partes por mí misma, coordinadora de este texto. Algunas entradas del objetario, como los “objetos insustituibles”, “objetos soñados” u “objetos discontinuados” son clasificaciones movedizas, adaptables a cualquier otro contexto a diferencia de otras entradas que se comprenden principalmente dentro del entorno en el que han sido pensadas.

Objetario Cuba S.A. Memoria Insular
objetos criollos/ hijos de la precariedad, hijos en su mayoría del llamado Periodo Especial, compuestos de pedazos de pedazos de muchos orígenes, fusión, enredadera, salvavidas, sucedáneo. ¿Cuántas combinatorias entre objetos habrán sostenido a este país?
objetos discontinuados/ ya no sirven para nada. Son piezas de cosas que ya no existen, electrodomésticos de otro tiempo que ya no podrán volver a funcionar, pero están ahí, a la espera, observándonos. ¿Qué hacemos con los objetos detenidos en el tiempo?
objetos religiosos/ son depositarios de fe. Puede ser un animal, una fruta, una planta, cuentas unidas en brazaletes y collares, calderos, o una muñeca Lily vestida con tela de ginga. ¿Cuántos tránsitos y rituales puede almacenar una muñeca negra, plástica, producida en una fábrica que ya cerró?
restos de la épica/ medallas, diplomas, condecoraciones, reconocimientos, sellos de solapa con perfiles de héroes, afiches y estampas de batallas y acontecimientos heroicos. Piezas sueltas de una Revolución y un ideal que ahora empiezan a verse como mercancía que los nostálgicos, hayan vivido o no dichos procesos, buscan ansiosamente. ¿No será la manera en que sobreviven esos objetos el legado final de la epopeya que los creó?
objetos heredados/ muebles, vajillas, joyas, utensilios de cocina, ropa, zapatos, máquinas de afeitar, espejuelos, libros. Lo dejaron tus abuelos en la casa que construyeron, lo ocuparon tus padres en la casa que heredaron, y lo posees tú. ¿Puedo ponerme los zapatos de mi hermano y seguir a la moda?
objetos republicanos/ vestigios de ese tiempo que entre 1902 y 1958 fue una Cuba que ya no existe. Restos de un glamour, una elegancia y un modo de vida que cambió radicalmente. Atesorados y despreciados, quedan como testigos peligrosos de un tiempo que ya no volverá. Como los parientes que los usaron por primera vez. ¿Puede la nostalgia encarnar en un objeto, puede un país que ya no existe caber en el aroma final de un frasco de perfume?
objetos soviéticos/ artefactos que entraron con más fuerza a la isla después del Embargo que impuso Estados Unidos, venían del frío, de una idea del socialismo, menos elegantes que los que anunciaba el capitalismo, más toscos, feos, burdos, pero también más resistentes, capaces de recomponerse una y otra vez por la ausencia de obsolescencia programada, bajo el ahogo del calor tropical. Zapatos, ventiladores, lavadoras, radios, vasos, juguetes, televisores. ¿No es esa una galería que perdura hasta hoy para que no olvidemos, para que estos objetos extranjeros nos hagan recordar otras alegrías y tristezas?
objetos del exilio/ los que llegan “de afuera”, cuando lo traen tus familiares o amigos para aliviarte de la pena de no tenerlo. El que seguramente tiene un homólogo nativo que no puedes comprar. Teléfonos, tablets, XBox, ropas, toallas, sábanas, jabones, protectores solares, Café Pilón, Café La Llave, Sazón Goya, y zapatos, zapatos, zapatos.
objetos de conglomerado/ hechos para que la masa confirmara que todos éramos o creíamos ser iguales. Bandejas, mesas, ropa, muebles diversos e idénticos, en materiales moldeados con rapidez y capacidad de resistencia. Para el obrero, el estudiante, el deportista, el campesino. En serie y sin mucha identidad propia. ¿Cuánto, sin embargo, dicen de nuestra biografía, de la memoria del país que quiso ser de esa manera y que hoy los recuerda con tanto extrañamiento?
escombros/ la huella de una ciudad que se cae a pedazos, y los restos irresponsables de la otra que se construye sobre la memoria vacía de la que va desapareciendo.
residuos de emergencia/ acumulados para que nos auxilien cuando se rompa uno u otro. Guardados celosamente porque aunque tengamos uno nuevo que los sustituya, conseguirlos otra vez puede ser difícil. Se saben importantes, aunque no los tengamos en uso. ¿No son un poco como nosotros, a la espera de lo que sabemos tenga para los otros, acaso los más jóvenes, un valor repentino?
objetos soñados/ esos que, no importa cuánto trabajes o ganes, nunca podrás tener, por mucho que los desees.
objetos insustituibles/ Los compañeros de vida, los testigos mudos de nuestra intimidad, los almacenes de nuestros afectos, los que incondicionalmente permanecerán siempre a nuestro lado aunque se fracturen, y serán, los que podrán hablar mejor de nosotros que nosotros mismos desde su silencio, cuando ya no estemos aquí.

El objetario fungió como unidad imperfecta, como un primer depositario de la complejidad y del contraste de visiones, considerando también la diferencia de edades de los participantes. Fue más un ejercicio de falsa contención, un simulador de lo imposible, un juego demarcador para decidirnos a pensar la realidad que envuelve a la cultura material de Cuba como propulsora de inventiva y cuestionar la posibilidad así, de otros derroteros de lo inanimado en su escena. Caminos distintos a los procesos del teatro de títeres, aunque inevitablemente unidos, por la vieja pregunta del alma que subyace en todos los formatos que tienen una mirada vitalista, animista del mundo.
Así el objetario no fue una imposición con el fin de localizar objetos y crear escenas documentales de cada una de las entradas, fue sólo un contenedor problemático común por el cual poder trazar un “ensayo escénico” de nuestras discusiones, expuesto de manera pública y confeccionado en el mínimo de tiempo. Por lo tanto, el objetario escrito era diferente del objetario puesto en escena, aunque ambos estaban a la vista; el primero era el “objeto programa de mano”, el segundo las realizaciones espaciales.
Se propusieron tres líneas de operación en este campo común: un trabajo con objetos insustituibles traídos por los participantes (que siempre se acoplaban con algún tipo de categoría más), un trabajo de práctica de territorio en la búsqueda o invención de alguna entrada nueva para el objetario pero a partir de las derivas en la ciudad de Matanzas; y finalmente un grupo de reflexión que trabajó en la escritura de testimonios para intercalar durante el objetario escénico desde varias perspectivas, mismas que emergieron de algunos tópicos problematizados en primera persona. Por ejemplo: la fascinación de la mirada extranjera hacia las prácticas de los objetos en Cuba, la visión de los adolescentes que ya no desean rodearse de objetos, la de los acumuladores inconscientes, el fenómeno de la preservación las fotografías, la sensación de sentirse desheredado y la sensación de caminar en una ciudad y sus escombros.
Lo que leerás en lo que sigue es un texto colaborativo, un texto entonces fragmentario, no conclusivo, que sigue la ruta de las pequeñas presentaciones que hicieron el objetario escénico con algunas intromisiones: textos de bitácoras personales, alguna cita de libros relacionados, pero sobre todo, una textualidad mínima infiltrada por momentos, que es la de la voz que de quien coordina los fragmentos, los pedazos, una voz que se entromete como miradora externa que completa huecos, saltos, enuncia acciones que parecen casi acotaciones para referir actemas, o reflexiones que intuye pertinentes. La coordinadora quedará inscrita en este conjunto en letras cursivas. Leerás algunas transcripciones de los ejercicios que configuran una suerte de borrador dramatúrgico post-escénico, inacabado y emergente de teatro de objetos documentales. Uno de éstos corresponde al Sr. Eugenio Vicedo, librero de Matanzas, que participó en el ejercicio colectivo final. Un anexo de una de las poéticas invitadas al Circuito de la Memoria Material, que realizó una práctica objetual in si tu y la colaboración especial de Javier Swedzky de Buenos Aires, quien hace la reseña de libros vinculados al tema.
Cabe decir que aquí faltaron voces, no está todo tejido aunque en medio de la distancia y sus dispersiones, se hizo el intento de la mayor sumatoria de fuerzas, un ensamblaje pues, de las textualidades múltiples que acompañaron al laboratorio y que de algún modo rodean y expanden lo que fue la vivencia de este encuentro. Al final de cada parte encontrarás el nombre de quien la ha escrito.

ENTRETEJIDO

Bitácora/ el objeto como punto de partida
¿Porqué un objeto llama nuestra atención? Hay una diferencia entre el objeto usado y el objeto que se construye para un espectáculo. El objeto pre-existente es depositario de una historia siempre, pero no todos son reveladores o interesantes. El objeto documental me abre preguntas y me despierta posibilidades de organizar otra mirada. El objeto en sí te propone una estrategia de relaciones y un cúmulo de preguntas que puede organizar esa mirada, un punto de vista. Detrás de mi objeto documental hay un mundo de memoria, es un camino que te permite muchas asociaciones no obstante cuál sea tu modo de hacer. El objeto está ligado a una biografía social y comenzar a organizar el trabajo desde ahí, abre mi modo habitual de trabajar y pensar un proceso. ¿Cómo hacer para que un proceso crezca desde tu propia identidad? ¿Cómo descubrir en el mundo de la objetualidad documental una forma de investigación más amplia de la que se pueda desencadenar por ejemplo un proceso de creación teatral? (Roxana Pineda, Teatro de la Rosa)

Ejercicio/ El reloj de la abuela.
Objeto insustituible soviético
Un reloj soviético “made in URSS” aunque su inscripción está en inglés y dice “made in USSR.” Un objeto que es también evidencia de la venta de algunos objetos soviéticos que durante la Guerra Fría se comercializaron en Estados Unidos. Y uno de estos fue el que por azar vivía en la mesa de noche de la abuela de Christian y aunque llevaba inscrito un conflicto político, estaba poseído por su propio relato íntimo.
Este reloj en particular no hace tic-tac. Está roto, acelerado taquicárdico. Escenario Oscuro. Se escucha un tic-tac amplificado. Es como el corazón de la casa. Se detiene. Luz central al reloj. Descripción minuciosa del cuarto en Cienfuegos calle San Fernando #2124 entre Velasco y Casales, 2do piso, puerta de la derecha, 3er cuarto contando desde el balcón. Descripción a lo Georges Perec.
Voz en off: Al centro, una cama grande de colchón suave. El lado izquierdo está visiblemente hundido. La cabecera es de diseño simple pero hermoso. Frente a la cama un mueble de tres puertas. Aquí se guardan las colchas, los abrigos, recortes de tela, cajas de zapatos llenas de fotos familiares, jabones de olor, rollos de papel sanitario, ropa de cama, la plancha eléctrica. A la derecha de la cama el gran espejo donde todos nos miramos antes de salir de paseo, es de cuerpo entero y tiene un banquito frente a él. A la izquierda un butacón grande tapiza con damasco beige y franjas marrón. Todos los gatos de la casa vienen a dormir ahí. Junto a él otro armario más pequeño. Aquí se guardan las ropas de uso diario: batas de casa, blusas y sayas de trabajo y paseo, lencería. En una repisita están los tesoros. Una virgen de Fátima hecha de yeso pero con ojos de vidrio que parecieran mirar desde su rincón oscuro, cofrecito con rosarios y otras reliquias religiosas. Peines, colonia, talco, cajitas de maquillaje, pomada china, los abanicos y pañuelos. La naftalina se mezcla en una esencia única. Este escaparate se cierra con llave pero está siempre en la cerradura. Bajo la cama, sobre el piso de mosaicos con abigarrada geometría, está el orinal junto a las chancletas. Sobre ella el bombillo incandescente sin pantalla, para que pueda iluminar lo más posible las paredes de cal. Por último, a ambos lados de la cama están las dos mesitas de noche. En la de la izquierda está la lamparita para leer. Un libro “Novelas cortas” de Horacio Quiroga, los espejuelos para ver de cerca. En la gaveta, aretes, cadenitas, llaves, presillas para el pelo, botones fugitivos y otras bisuterías. En un sobrecito las fotos de los dos niños. En la otra mesita de noche guarda los zapatos, cinco pares de tacón grueso, lata de betún neutral, calzador y cepillo. Sobre ella está el RELOJ. Ahora los horarios, la presentación del reloj se guía por horarios, por lo que sucede en la casa de la abuela cada hora. Por todo lo que pudo ver, medir, ese reloj en un día cotidiano de esa mujer, recordado por su nieto. Christian le da cuerda al reloj de su abuela y comienza una lectura rápida de acciones de 24 hrs de lo que era su día, en lo que dura un minuto del objeto, hasta que suena la alarma y se va la luz.
(Christian Medina Negrín. Grupo Retablos-El Arca)

Testimonio # 1: ¿No tengo herencia?
13.8 metros cuadrados. ese es el espacio que habito junto a mi hija. Una habitación para dos. Habitación-sala; habitación-cuarto, habitación-comedor, habitación-estudio. Habitación-casa. En La Habana urbanidad exige 10 m/2 por individuo, mi hija y yo somos ilegales, cada una posee 6.9 m/2. No tengo objetos del pasado. Miro con ambición la vajilla incompleta de mi abuela sabiéndome presunta heredera, aunque no tendría dónde conservarla. No tengo un objeto con memoria añeja, con memorias ni sudores de otros, ni de mis padres, ni de mis abuelos, de nadie. Pero tengo: 3 batidoras y 2 secadoras de pelo, todas rotas; 9 dientes de mi hija, su primer biberón, y el pulso en que dice que es niña y es mía, 2 motores de agua que no encienden, 1 timbre ruso para una casa sin distancias, todos los seminarios de mis alumnos: 20 sobres; todos los programas: 5 sobres; todos los catálogos con copias: 2 gavetas. 678 libros que ya leí y un pedacito de cordón umbilical que se desprendió el 31 de octubre del 2005; una caja de origamis, 2 de dibujos, 31 cartas electrónicas, 2 retablos, 7 maletas; un huacal con cosas de un hombre que amé y que no sé que guardan, una bicicleta descuartizada, 6 cajas de zapatos con misceláneas, 40 pares de zapatos semitonos, semiviejos, semi-inútiles, 39 peluches que lavo cada cierto tiempo y tornillos, tuercas, alambres, cordones, cuerdas, sogas, cerraduras, candados, tes, codos, pedazos de tubos de 1/2, 3/4, 2 pulgadas. 9 agendas que recogen 15 años.
No tengo objetos del pasado. No tengo herencia. No tengo espacio. Arquitectura urbana nos declararía ilegal. Y sin embargo me he convertido en un recolectora. ¿Soy una acumuladora? ¿Somos, sin saberlo, acumuladores? Nos dicen siempre: “No botes eso… por si acaso”; “Para algo servirá”; “Puedes necesitarlo mañana”; “Algo se inventa” … “Si se rompe, se compone…” dice una canción. Hace 7 años descubrí en mi casa natal, sobre la vitrina de mi abuela 3 batidoras y 2 cafeteras rotas y protesté por su inutilidad. Hoy yo hago lo mismo. ¿No tengo herencia, no la tengo? (Yudd Favier)

Ejercicio/ El inventilador. Objeto criollo.
Caminando por la calle Medio, encontramos la barbería “El Corte”, en un rincón descubrimos el objeto híbrido, el objeto criollo, mezcla de otros objetos tirados en la basura. El motor de una lavadora rusa Aurica, le da potencia, las paletas son de un Orbita ruso, la tierra de una vieja maceta lo sostiene. Lleva sembrado ahí casi una década. Tiene un cable improvisado y sin conector. Hay que darle duro a la derecha para que arranque y suene después como un ciclón ruidoso. El chino y su hermano apenas aceptaron contarnos que se trata del ventilador que más fresco hecha en el mundo. Está sembrado ahí, como una flor y fue armado a trozos por el padre del barbero. (Geidicary González Zamora)
Y el chino y su hermano aceptan prestar el inventilador para el objetario. Está aquí en la mitad del espacio. Se recorre despacito con una luz. Esta cita que sigue no aparece en el ejercicio pero sí se inserta en este texto colectivo como un eco pensante de éste. Es de Ernesto Oroza y está extraída de la investigación de Elzbieta Sklodoska “Invento luego resisto. El periodo especial en Cuba como experiencia y metáfora (1990-2015):
«La reparación, recuperación y hasta la reinvención se volvieron tareas domésticas tanto como lavar la ropa o cocinar. De tanto abrir cuerpos el cirujano se desensibiliza con la estética de la herida, la sangre y la muerte. Y esa es la primera expresión de desobediencia del cubano en relación con sus objetos: un creciente irrespeto por la identidad de producto y la verdad y autoridad que esta identidad impone. De tanto abrirlos, repararlos, fragmentarlos y usarlos a su conveniencia terminó desestimando los signos que hacen de los objetos occidentales una unidad o identidad cerrada. El desacato ante la imagen acabada de los objetos más bien se traduce en un proceso de fragmentación en materiales, partes y sistemas técnicos.» (Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile, 2016, pp.7290, 7299, versión Kindle)
El inventilador representa estas cirugías, estas desobediencias que fracturan identidades fijas para construir monstruos flexibles que adquieren una pátina de belleza por su forma de auto-construcción, de auto-producción, aunque en sí lleve impresa nada más la urgencia de vencer al calor. La transgresión hacia el contorno del cuerpo del objeto es un tipo de demiurgia local dada por la urgencia. El inventilador está aquí, se recorre despacio con una luz y quiere hablar. Voz en off:
El hecho de existir, aunque por trozos, me compone. Me acompañan las memorias de un lugar solitario. Todo yo descuartizado por épocas distintas. Yo que no soy yo y soy algo. La basura es mi familia y es la familia de los hijos rústicos y distintos que me fueron impuestos. Que no me correspondían, pero advierto, se puede amar un injerto. Celebro mis pedazos y respiro. Respiro dando fe con cada expiración. Hoy desentono en un espacio al que ya pertenezco. Anacrónico. Insustituible. De las manos que me armaron fui entregado y continúo. Conozco cada cuarto y he levantado con mi furia toda sábana que esconde la lujuria. Y ahora hago volar canas y residuos de talco en la barbería. Se disputan los hermanos herederos mi propiedad. Me despiertan los elogios y me recuerdan que estoy solo. Mi memoria se construye en el presente y se hace visible un pasado desconocido que me habita de otras memorias. Nadie sabe que lloro por la fuerza del motor que no me pertenece, que mis paletas se esfuerzan para no decepcionar. Les suplico que no indaguen, porque me desarmaré. Pero ¿Cómo llegaron mis trocitos? ¿Por qué descanso sembrado en una maceta? ¿Quién me tocó por vez primera? ¿Quién intentó tirarme alguna vez? ¿Tengo parientes en tu casa? ¿Cuántas veces has ignorado a tu televisor? ¿A tu lavadora? ¿Qué debemos hacer con estos objetos? ¿Amarlos por su condición de híbrido que nos salvó en algún momento? ¿Será mejor obviarlos y sustituirlos? (Sonia María Cobos Blanco. Este ejercicio se hizo en colaboración con Ángel Luis Montaner y Geidicary González.)

Ejercicio/ Ficheros. Geobjetos
Los geobjetos, son objetos que ayudan a reconstruir, redescubrir, re-ordenar o subvertir un territorio específico por medio de cartografías alternativas, pues son contenedores directos de huellas y trazos urbanos. Los ficheros fueron geobjetos encontrados en la Biblioteca Pública de Matanzas. Dos que juegan a ser detectives están sentados frente a una mesa y una lámpara revisando ficheros. Se imaginan llegar a las personas por estos ficheros y lo hacen. Un objeto de objetos, el fichero, que atrae a otras familias de objetos, y que puede conectar subjetividades, crear otras maneras de distribución sensible de un territorio compuesto por lectores. Extracto de una investigación mayor.Día 1. Hora 10.15. Entramos a la biblioteca. Ayleen, antigua estomatóloga, ahora bibliotecaria se involucra en nuestra investigación junto a nuestra colega Nancy.
Al fin llegan a nuestras manos dos ficheros, uno de ellos contiene una relación de libros de préstamo externo. El otro guarda la información de cada uno de los lectores de estos libros. Libros más leídos: La última legión, Pájaro en mano, La cuchilla, Aventuras de Sherlock Holmes. Algo llama nuestra atención. Un salto de fecha, un vacío de tiempo en el libro más solicitado. 2017 al 2019. Último lector.
15:43. Busco la ficha. Gladys Alonso Arencilla: Reto a la Soledad, El perfume, Cita con la muerte, El árbol de la vida, El robo del brillante, El Maestro y Margarita, El Color púrpura, Lecturas de Sherlock Holmes.
Día 1. Hora 14 hrs. Encuentro con Gladys, ahí descubrimos otro universo que comparte con la lectura: el tejido a croché. Colocación de sus objetos tejidos.
Cada devolución de libro se convierte en un armario de huellas que descansan a la orilla de los grandes relatos. ¿Cómo sería si lográramos conectar a estos lectores? ¿Cómo dibujar la trayectoria de este libro en cada préstamo y luego terminar con un mapa donde se enlace a todos los lectores? ¿Cómo desde un fichero de biblioteca podemos contar otra historia de la ciudad?
(Mario David Cárdenas Cancio, Ederlys Rodríguez. La Salamandra)

Testimonio #2. Contraturista
Camino por las calles de Matanzas, de La Habana, intento irme por los lugares que los turistas no transitan. Pero no dejo de ser una turista, aunque soy una turista que no quiere ser turista. Miro por las ventanas, por las puertas abiertas, las casas oscuras, las casa con luz blanca, sillas, sillones, mesas afuera, muebles que pienso, habrán sido heredados generación tras generación, cuidados, venerados, mueble-madre, mueble-padre, un miembro más de la familia, aquí nada se tira, creo, aquí la gente valora las herencias, creo, aquí la gente abraza lo que tiene hasta lo impensable, las casas no son casas, son vitrinas, expositores, los objetólogos aquí seríamos felices, paredes tapizadas, horror vacui, muñecas negras junto a una fotografía del Che, me encuentro un taller de reparación de puertas, ventanas, de casas que no se dejarán morir, podríamos hacer otro mapa de la ciudad por estas partes. Del taller hacia el mundo, otra historia. En Cuba se le concede tiempo a los objetos, la materia desacelerada, existen y existen tanto que ya no se ven, se vuelven invisibles, se camuflan, están adheridos a la vida de las personas, respiran con ellas, resisten con ellas, son compañeros de lucha en la supervivencia, si fuera de la isla los objetos nacen y mueren en el mínimo de tiempo, aquí están protegidos por una condición insular que les da permanencia, fuerza que se vuelve fuerza colectiva, fuerza de un pueblo aguerrido sostenido por sus objetos-raíces, sus objetos-templos que son los fieles testigos de los ciclos de su vida, ellos, los objetos observadores, los que esperan, los que jamás habrán de fallar porque aquí nada habrá de fallar aunque se rompa, quisiera quedarme aquí y perderme en el infinito de las casas-vitrina, las casas-museo y sus custodios (el futuro de los museos está en el interior de nuestras casas, dijo Pamuk) ¿Sabrán ellos de ese inmenso valor, que los que algunos de los que venimos de afuera, vemos en este cuidado que tienen hacia sus cosas? Pareciera que están rodeados de un teatro de objetos cotidiano interminable, pareciera que esta es una tierra fértil, muy fértil para dejar salir la voz silenciada de lo inanimado. Una tierra fértil en la que poder liberar la vida de las cosas. Pero no dejo de ser una turista que no quiere ser turista y permanezco aquí, mirando al interior de las casas, sostenida en esa tensión  (Shaday Larios, México)

Ejercicio/ La sordina
Objeto insustituible del exilio
Este es un ejercicio sin palabras. Sólo veremos al músico hacer sus rituales de cuidado del instrumento, y veremos por cómo le llega la sordina en un paquete (como los cientos que entran diariamente a la isla traídos por extranjeros y por ellos mismos con mercancías de otros lugares), el inmenso valor que puede llegar a tener un objeto que viene desde lejos. Toca la versión en sordina de “A mi manera” y se va. Lo que sigue son apuntes de su bitácora
Me la regaló un gran amigo, que fue el primero en enseñarme a tocar la trompeta. Este amigo ya no está cerca, está del otro lado del mundo y su recuerdo está en este instrumento, más precisamente en la sordina, que a su vez había sido de un amigo suyo.El objetivo de este objeto es silenciar un poco el sonido de la trompeta y cambiar su timbre al mismo tiempo. Ritual de mantenimiento y lubricación de la trompeta. Avión que pasa, paquete que llega desde arriba y me la trae. Melodía. Las primeras notas, la digitación, la embocadura, la respiración. La silla no es para mí, es para que esté cómoda mi trompeta.
(Adrián Bello Suárez. Teatro Tuyo)

Bitácora/ Caja de pomadita china
Olor mentolado con una pizca de nostalgia y melancolía, no cura pero alivia todas las dolencias, dolores de cabeza, del corazón, alergias. Es el olor de las almohadas de mi abuela. Cuando está vacío, se convierte en un reservorio de la memoria, una cajita de misterios para guardar recuerdos de la infancia, pequeñas piezas de objetos rotos. Se conservan estos recuerdos en esta cajita de acero inoxidable y de gran hermeticidad.
(Geidicary González Zamora)

Testimonio #3. El Dios de las pequeñas cosas
Mi encuentro con el dios de las pequeñas cosas fue pesado y líquido. Yo tenía 9 años, medía 1.05m y pesaba 23kg. Me amarré a la cintura un cinturón de plomo para buzos, cuyo peso: 10kg, me empujó al fondo de una piscina de 5m de profundidad; y allí le conocí. En aquel fondo, tuve consciencia por primera vez de mi pequeñez indiscutible, del poder de los objetos rebeldes, de las consecuencias de la materia, de su peso amenazador. Ante mi desesperación y la inutilidad de mis intentos por salir a la superficie, ante la certeza casi irreversible de una muerte clorada y azul; unos brazos negros, desconocidos, me pusieron a salvo. A un hombre que pasaba, a un extraño, a la coincidencia, debía la vida. Nunca más vi aquel cinturón al cual debo mi primera noción de Dios, de la muerte y del destino. Tampoco conservo el juego de ajedrez que me enseñó a pensar, ni los pequeños frascos de pócimas alquímicas que durante mi infancia, preparaba y escondía debajo del lavamanos, con la esperanza de asistir a una transformación revolucionaria. Esos frascos que fueron mi primera acción de fe, desaparecieron de mi vida como todos los demás objetos de los cuales aprendí cosas importantes. De tanto caminar de un sitio a otro, de una ciudad a la siguiente, de esta casa a la próxima, aprendí a desprenderme de la compañía de las cosas. Quizás esta sea una lección o una condición de vida que compartimos varias generaciones de jóvenes cubanos, a medio camino entre el nomadismo y el minimalismo estético de nuestros tiempos.
Nosotros hemos aprendido a confiar en las aterradoras, pero efectivas revelaciones del dios de las pequeñas cosas, cuando necesitamos de su sabiduría. Me pregunto, sin embargo, si el dios de las pequeñas cosas ha aprendido algo de nosotros?, me pregunto si en algún lugar del mundo, algún objeto lleva en sí y regala a otros, las experiencias, la memoria, la historia, de varias generaciones de cubanos cuyas vidas caben en una maleta? (Denisse Martín Saura)

Bitácora/ Olvido
A través del objeto rescatamos la memoria. Tengo pocos objetos con memoria a largo plazo. No tengo a quien legarle mis pocos objetos que logré acumular y guardar. ¿Seré olvidada? ¿Cómo será quedarse sin memoria? ¿Me convertiré en una persona sin memoria? ¿Una desmemoriada por mi relación de desapego hacia los objetos? (Eylen de León Bustillo. Teatro de la Rosa)

Testimonio #4. Transmutaciones del escombro
Giulianna trajo a Cuba su caja de escombros y objetos post-catástrofe del terremoto de Bahía, Ecuador. Ella hizo su propio objetario en su tierra y lo llamó Buscamos en el Silencio de las Cosas. Lo activó en la isla y también, recorrió otro tipo de restos por las calles.
Traigo una caja llena de piedras, fragmentos, restos de un terremoto que aun tiembla adentro. Camino por La Habana. Un edificio suspendido en medio de un derrumbe me ofrece una escalera de piedras sueltas con imponente mutismo. Me pregunto si una casa entera es un objeto, o un espacio, o un tiempo. ¿y una casa partida, un cúmulo de piedras afectadas por el paso del tiempo o por su furia, qué son? Escombros. Restos que tú y yo miramos como en una comunión de ausencias. Porque el pedazo que no se olvida se extiende en la imagen de lo que fue y no, de lo que fuimos. Un escombro es una piedra que huye a la pretensión quirúrgica, materialidad sometida a poderes supremos que no se siempre se anuncian.
En Matanzas pienso en un acróstico para un teatro abandonado:

Recuerdos de un romance en la buhardilla
Unidad previa
Imposible ahora
No hay música como tu voz, esa que estaba
Antes de este silencio

Escombros.Permanencia que apunta a lo que huye, marca que deja lo que se nos escapa. Cuando desguarnezco mi equipaje, brotan las preguntas por desastres afectivos.
¿Es la carta que más tarde encuentro en la calle 79 en Matanzas escombro de una historia de amor que no siguió? ¿Es la mujer de la foto cortada, abandonada en la misma calle, la que permanece o la que se fuga? ¿a quién le pertenecen los escombros?
¿quién nombra lo que ya no nos sirve? Materialidad que nadie reclama ¿y si la llamo mía, tuya, nuestra?
(Giulianna Zambrano, Ecuador)

Proyecto «Buscamos en el silencio de las cosas» de Guilianna Zambrano de Ecuador

Ejercicio/ Tamagotchi. Objeto insustituible, soñado, del exilio.
Ella habla mientras se muestran fotografías de las diferentes narraciones que hace de su mascota virtual. Extracto. Un tamagotchi es una mascota virtual que surgió en el año de 1996 y que consta de tres botones, presionar, aceptar y cancelar. En el año 96 yo tenía 7 años y los tamagotchi deben haber llegado a Cuba en el año 98, 99. Pero yo no pude tener un tamagotchi porque en aquél momento eran muy caros, vine a tener uno , que es este, hace dos años. El 29 de abril del 2017 mi amigo me trajo mi primer tamagotchi, lo pidió por Amazón a Japón y me lo trajo de Estados Unidos. Para mí era una frustración no haber tenido un tamagotchi durante toda mi infancia, porque algunos niños que podían tenían tamagotchi pero nadie te dejaba tocarlo, dependía totalmente de ti y una vez que se moría no resucitaba nunca más, ahora, este, que llegó sin caja pero con manual, tenía una diferencia, y es que es uno generacional, el objetivo es que tu puedas crear la mayor cantidad de generaciones dentro tu aparatito.
Estas son las fotos de cuando aún no lo había despertado por primera vez, y ahora desde la distancia me doy cuenta que estaba realmente obsesionada, esa foto es del primer huevo, esa fue cuando lo desperté, no se ve bien pero dice birthday, tienes que seleccionar cuál es su fecha de cumpleaños, es como una maternidad virtual realmente, te tienes que convertir en la madre de la cosa. Esta es Gema, es la primera cría de Tamagotchi, ahí estaba llorando porque acababa de nacer, si es blanquita es hembra y si es negrito es macho, a partir de eso tú le pones el nombre, lo tienes que ayudar a alimentarse, ponerle una profesora para que estudie, para que haga una banda de música. Esta foto es de su segundo crecimiento, la misma pero en un segundo estatus, estudiando batería porque iba a ser percusionista. Cuando recibí mi tamagotchi le regalé a Gema los objetos de mi infancia, este era el corral donde ya la ponía a jugar por la tarde, luego en el bolsillo la sacaba a pasear y la asomaba para que conociera le mundo. Esta es su tercera etapa, ahí se comenzó a poner bonita, nunca la he podido conectar, esto es para conectarla con otros tamagotchis, pero nunca me encontré en la isla con una persona con un tamagotchi vivo con el que yo pudiera conectar el mío. Tienes que hacer una banda y ponerle un nombre, “La cuquis” fue su primera banda y este el último estadio, ya adulta.
Coloca a su tamagotchi sobre un altar que le ha hecho, le enciende unas velas, porque se le acabó un día la batería y como nunca la pudo conseguir en Cuba, no sabe si está muerto o es que sólo está en coma por no tenerlaVoz en off: Veo en mi madre que cuidar a mi abuela fue un castigo que yo no me impuse. Era una responsabilidad suya. Recuerdo una frase que escuché en una obra de teatro “si yo no tengo hijos, quien sostendrá mi cabeza.” Soy una mujer de casi de 30 años que se cuestiona el hijo y el parto, es egoísta en pensar tener hijos sólo para que te sostengan el rostro. Tengo una amiga que tiene una hija y una cicatriz de su cesárea, cuando la conocí su cicatriz me pareció hermosa, luego me acostumbré a ella y perdió el encanto, de esta experiencia aprendí que todos los hijos han de dejar huellas indelebles, creo en el dolor consciente y en las marcas que esta deja, en la cesárea, en los tatuajes, en las cicatrices, en la cicatriz como muestra de amor infinito, en el tatuaje, como bitácora de historia de tu cuerpo.
Muestra el tatuaje de tamagotchi que tiene en su cuerpo.
Este es mi tamagotchi, y esta es mi cicatriz.
Al final y por azar, alguien de los que venimos de afuera tiene una batería como la que ella necesita para revivir a su mascota virtual en caso de que no esté muerta. Y presenciamos el milagro de verla revivir en público después de un tiempo de letargo.
(María Laura Germán Aguiar)

Bitácora/ Eugenio
Hemos descubierto a Eugenio, un viejo librero anticuario que nos abrió su casa y nos reveló muchos secretos: su estrategia para no vender los libros que quiere: les pone precios muy altos. Reconoce a los clientes por los modos en los que manipula los libros. Deja rastros en los libros: recomendaciones del librero. No sabe qué pasará con su librería: piensa que nada debe desaparecer, quiere legarlo a alguien, pero no sabe qué va a pasar. Tiene 63 años y es ingeniero. (Roxana Pineda, Teatro de la Rosa. Ejercicio realizado en conjunto con Eylen de León Bustillo, Dorian Díaz de Villegas y Yilian Fernández Alacal).

Ejercicio/ El librero de la librería “España” de Matanzas.
Relaciones con el objeto libro.

Texto transcrito de su presentación. Está sentado a una mesa, con una estantería detrás de la que toma libros. Tiene un cartel de su librería. Yo soy el librero que atiende la librería y antes de ser librero tuvo que necesariamente ser lector, para ser lector hay que aprender a leer y ¿cómo aprendí a leer?, a los tres años mi madre me enseño con su pedagogía de escuela primaria, desde esa fecha yo comencé a leer hasta hoy. Hace 60 años de aquél comienzo y con él, comienza también mi interrelación con los libros que se van y los libros que permanecen como este ejemplar, que me acompaña desde esa fecha, al día de hoy he vivido en 21 casas, y el libro todavía no se ha perdido, nadie lo ha podido sacar de mi casa, ni siquiera mis tres hijos, dicen que puede ser que algún día, alguno de los nietos se lo lleve, pero por el momento lo conservo.
Después de ser lector, se puede ser ya librero y tener una librería, y ahí continúa la interrelación con los libros, hay un elemento común entre el lector y el librero que son los libros y éstos a veces necesitan tener una pequeña nota en su interior, para que el cliente pueda tener una mejor idea de qué se trata porque en ocasiones un título puede adquirir múltiples lecturas, múltiples interpretaciones. Están aquellos otros que heroicamente queremos conservar para nosotros.
Estas son las memorias del centro de la República de cuba del año 1907, el viejo periodista poco antes de morir no sabía a quien entregarle este libro, lo tengo y todavía no quiero venderlo. El librero sufre porque también quisiera conservar todos los libros para él, Para no vender los libros soy a veces un poco deshonesto. ¿Qué hace el librero? le pone un precio que pueda ser disuasivo para el comprador. La mayoría de las veces no da resultado porque el lector le atribuye el valor que él quiere, y si el libro le interesa, pasa por alto el precio que dice aquí y se lo lleva. El librero se queda sin el libro.
Puedo leer a los clientes por cómo se paran, cómo miran, cómo toman el libro en sus manos, qué es lo que buscan para enterarse del libro, por la forma en que lo hojean, cómo pasa las páginas, uno se percata que su interrelación con el objeto es cómoda, es fluida, es ya de una manera natural, no está forzando nada, así es como rápidamente se detecta si esa persona tiene que ver con los libros o no.
No todo lo que hace el librero es tan deshonesto como ponerle un precio alto al libro, el librero dona libros a las instituciones que considera que pueden resguardar un libro de importancia. El libro seguirá siendo del librero cada vez que pueda consultarlo o asistir a la institución y así también está al servicio de los demás. A veces nuestros estudiantes no son tan solventes, el librero les deja los libros para que hagan su tarea y por lo general los devuelven, lo mismo a los investigadores que también suelen ser personas de bajos recursos.
Con mi librería hoy no está pasando nada, estoy yo todavía con ella ahí, pero no siempre estaré, la descendencia no se interesa por la librería y al mismo tiempo quisiera que trascendiera, que siguiera creando relaciones con la ciudad, cuando yo ya no esté. (Eugenio Vicedo Tomey)

Anexo de objetos post-catástrofe. Chernobyl-Cuba
Caja Chernobyl: el calendario de los días que nunca fueron
(proyecto invitado al Circuito de la Memoria Material)

¿Qué es lo que habita la caja Chernobyl cuando nada habita la ciudad que la contiene? ¿Cuál es la ciudad que como único habitante tiene una caja como esta? Aquí hay una caja sin ciudad y una ciudad sin caja. Una ciudad multiplicada y dentro de cada una, un habitante que intenta sobrevivir: La memoria de un desastre. El día 26 de abril de 1986, el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernobyl estalló durante el transcurso de una prueba de seguridad mal ejecutada. Estas acciones condujeron a una excursión de energía que culminó en dos grandes explosiones. 50.000 habitantes de Prypiat la ciudad más próxima al reactor, fueron desplazados tres días después de la catástrofe, e instados en zonas provisionales que más tarde se convirtieron en su hogar definitivo. Nunca pudieron volver.
Ucrania, perteneciente entonces a la extinta Unión Soviética, se convirtió en uno de los archivos más complejos del rastro que arroja la memoria de los objetos dentro del ciclo de vida que cumplen las civilizaciones frente al extermino, pero también a la naturaleza de su propia poética debatida entre el olvido y la recuperación parcial, entre la re-significación y la cancelación total de su sentido.
Decidimos ir a Chernobyl en busca de espacios, presencias, objetos testimoniales. Llevamos una caja para acumular sus vestigios. La caja se significó como un espacio de dialogo silente con las estructuras de la ruina y su materialidad expuesta al tiempo, en un listado de cuestionamientos sobre el modo en cómo desaparecen los mapas donde las sociedades habitan, transitan y sucumben de manera inesperada. Fuimos en busca de los sobrevivientes. Entre las aldeas desérticas tratamos de encontrar el sentido de las trayectorias mínimas de esos objetos solitarios. Prohibidos. Negados a ser utilizados nuevamente por el grado de radiación que los integra y cuya memoria se consume así misma con el transcurrir del tiempo.
Al interior de una casa cercana al reactor, encontramos un pequeño calendario olvidado que había pasado treinta años al pie de una ventana. Un calendario de fabricación rusa que daba testimonio de los días que nunca fueron. Los días que quedaron suspendidos desde 1986. El calendario se convirtió una evidencia de ello y pasó a formar parte de la caja: un archivero negro para los días negros. Un contenedor reforzado para alojar imágenes, texturas, textualidades, sonoridad. Una caja que pudiera sepultarse, incendiarse, lanzarse al mar. Un practicable de la nada. Un micro paisaje del olvido. ¿Qué es lo que cabria en este no lugar?
Por invitación del Circuito de Memoria Material, la caja llegó a la isla de Cuba cuatro años después, con un calendario distinto: Ahora este objeto-testigo del desastre, contaba también los días que fueron parte del auxilio que el gobierno de Castro brindó a cientos de niños afectados por el accidente nuclear: Los niños de Chernobyl. Estos niños comenzaron a llegar durante el año 1990 instalándose en la región de Tarará al este de la Habana, compuesta por un complejo habitacional, medico, recreativo y cultural.
Tarará formaba parte del último capítulo en los días de un calendario que se reconocía ahora como bitácora de acontecimientos relacionados al pasado y presente de una generación de sobrevivientes; era un mapa de objetualidades inscritas en ambos periodos de tiempo; era un archivo complejo de expedientes, rastros, versiones de la historia y testimonios de personas cercanas al proceso de atención que los niños ucranianos, rusos y bielorrusos recibieron durante más de diez años.
En ese contexto, nuestro calendario se convertía en un objeto que podía reescribirse. Una agenda de años pasados que se vuelve a llenar con urgencias del presente. Un cuerpo exiliado que como esos niños, había viajado hasta Cuba para llegar a Tarará y ahí sanarse. Recibir atención de otras manos protectoras. Intentar sanarse de aquellos días que antes contaban sus días: Era un anciano de Chernobyl viendo cómo sobrevivir al tiempo. Mitificándose con visiones de resguardo y contingencia. Insistiendo en la conservación y no en la declive natural de su degradación. Insistiendo en llamarse calendario que reinventa los días y no material radiactivo. Visitamos la antigua villa de Tarará. Llevamos un calendario pidiendo recuperarse. Lo que encontramos fue una cartografía necesaria de explorar a profundidad. Un nutrido paisaje de referentes que ayudarán no solo a comprender los días de la tragedia si no también los días de la resistencia por la vida y la sobrevivencia. Ese archivo continua como ecosistema perpetrándose a la orilla del caribe. Entre un tiempo de gloria y disidencia. Entre la composición de un habitad que lo integra a la naturaleza de la humedad y la erosión. En tarará a nuestro calendario le nació una planta. Al paso del tiempo, nos dimos cuenta que esa planta había nacido en Cuba, y era una palmera.
Luego de nuestra visita a la isla, el proyecto se pensó como una plataforma que pudiera calcular las distancias generacionales del accidente entre ambos países. Una plataforma cercana a la investigación de campo basada en la indagación de nuevos expedientes de la memoria que han arrojado los objetos de Chernobyl; un compendio de archivos contenidos al interior de una caja desarticulable que sigue teniendo como documento central el calendario de los días que nunca fueron. El propósito final, será devolver la caja Chernobyl a la antigua ciudad de Pripyat, Ucrania, aunque algunos días de su calendario, se hayan quedado frente al mar de Tarará.
(Ángel Hernández, Teatro para el Fin del Mundo, México)

 

Reseñas/ Objetos para vivir

Reseña de:
-De Bozzi, Pénélope, Oroza Ernesto. Objets Réinventés, la création populaire à Cuba, Éditions Alternatives, Atenas, 2002
-Oroza, Ernesto. Rikimbli. Une étude sur la débobéissance technologique et quelques formes de réinvention. Publications de l’unversité de Saint-Ètienne, Saint-Ètienne,2008 (original en español)
Ernesto Oroza nació en La Habana, en 1968. Es diseñador y artista. Sus libros iluminan aspectos desconocidos, desde el extranjero, de la vida cubana. La historia de estos objetos es conocida por los cubanos pero vale la pena releerla en tanto constituye la génesis de un nuevo universo objetual. Esa historia se inicia en la creación en 1963 de la a Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), que repartía manuales para reparar, reciclar y construir enseres y aparatos domésticos, retomando el espíritu de las revistas americanas orientadas al bricolage y al “hágalo usted mismo”. En ese momento comienzan a convivir en Cuba dos sistemas industriales, el occidental y el soviético, que tienen funcionamientos diferentes. Con el tiempo se sume el bloqueo americano y la formación de muchos ingenieros cubanos en las universidades soviéticas. La creación de objetos tiene un gran desarrollo durante el “Período Especial”. En ese momento casi desaparecen las materias primas y es difícil encontrar objetos nuevos. Lo que no desaparecen son las urgentes necesidades para resolver el cotidiano: transportarse, vivir en un lugar agradable, ser feliz entre muchas otras cuestiones.
Esta larga historia está atravesado por una continuidad de penurias económicas.
Dentro de ella aparecen entonces nuevas miradas sobre los objetos, llamados a dar soluciones, y por lo tanto nuevas utilizaciones de estos objetos: encendedores hechos con cables pelados, un sin número de lámparas de combustible, los “camellos” para transportar pasajeros hechos con camiones cortados, etc. En sus trabajos Oroza organiza y desmenuza meticulosamente la humanidad que late en estos diseños: muestra como los hogares se vuelven laboratorios de invención, es importante acumular para cuando haga falta, es necesario saber reparar y reutilizar.
“Dos botellas de soda de plástico son tiradas al mar, atadas al brazo de un niño. Van a servir provisoriamente de salvavidas. Esta actitud es reflejo de la situación de incertidumbre del país: se impone al pueblo entrar en una política del instante. Las soluciones se encuentran en la urgencia. La improvisación preside a todas las negociaciones con la vida. Lo provisorio se vuelve una forma de vivir, de pensar, de crear.“ (Oroza, 2002: 17).
Para Oroza estas necesidades se vuelven fuente de creatividad y de libertad. Los objetos híbridos resultantes confrontan la lógica y la razonabilidad, “reciclando todos los objetos, todos los componentes, todas las materias y los materiales industriales posibles” (Oroza. 2008, 5) alterando el orden lógico de su diseño original, creando un cotidiano alocado y resolutivo, que expone las penurias y afirma la continuación de la vida. Este catálogo incorrecto e insurrecto que Oroza registra, colecciona, expone, analiza y reelabora abarca, del transporte público a la bijouterie, desde motores industriales al confort del hogar, del mobiliario y la arquitectura al material médico. De esta manera los objetos multiplican la duración de su vida prevista, transformándose constantemente, desafiando las leyes del mercado y ciertas normas de seguridad, dando paso a lo que Oroza llama la “Desobediencia Tecnológica”.
Desde esta perspectiva Oroza nos revela a través de los objetos los procesos históricos vividos en la isla, y también los procesos del pensamiento del colectivo que los inventó; entre los que encontramos la improvisación, la solidarización de los saberes, la reparación, readaptación, e hibridación, la acumulación como forma de disponer de recursos materiales cuando haga falta, la adaptabilidad (habría que agregar “infinita”), la recuperación, la refuncionalización, la reinvención. Detrás de cada uno de estos procesos, hay personas ante una realidad acuciante que demanda respuestas. El autor nos deja ver cómo el gesto de realización de los objetos es resolutivo y se afirma transitorio esperando una solución futura, es de un provisorio permanente, y lo crea también una estética particular.
Totalmente alejados de los lugares comunes, estos conmovedores libros del autor cubano dan cuenta de una situación límite y de cómo el saber y la creatividad surgen como forma de protección y supervivencia, de esperanza y, también, de búsqueda de un pequeño bienestar.
Si pensamos el aporte y la mirada de Oroza desde la perspectiva del teatro de objetos, nos cambia el paradigma de trabajo. Después de la lectura atenta de sus libros es posible tomar conciencia que trabajar con objetos de descarte, olvidados, baratijas y pacotilla, extraídos de la sociedad de la sobreabundancia de objetos, que surgen como consecuencia del consumo constante, de la industria del confort y la moda y de la renovación de bienes, es una mirada lógica que surge entre los que hacen y piensan el teatro de objetos en Europa, una sociedad opulenta. Y que muchos de los materiales teóricos que leemos no toman en cuenta este tema esencial.
En contraste, los objetos cubanos que presenta Oroza no son objetos que surgen del progreso ni del bienestar, están construidos con el propósito de resolver cuestiones vitales a como dé lugar, y en este gesto reside toda su potencia. Lejos de los grandes centros y de sociedades que compran y descartan, los artistas que crean teatro de objetos en América Latina basan gran parte de su trabajo con las ideas de las sociedades más ricas encontrándose para crear en las márgenes del consumo y con una noción absolutamente diferente de lo que se puede descartar. Los objetos construyen en estas otras realidades gestos eficaces para que el mundo funcione en medio de muchas necesidades. Son materializaciones de la afirmación de la vida. El trabajo de Oroza nos hace reflexionar acerca de lo que son los objetos en nuestras propias sociedades, y por lo tanto, cuestiona las referencias existentes y nuestras identidades como artistas, así como nuestras maneras de pensar y crear teatro de objetos.
Los objetos reinventados y la desobediencia tecnológica de Cuba están allí para vociferar su vitalidad y sus reclamos, y están también presentes en cada uno de nuestros países. Ernesto Oroza nos abre los ojos y señala, inteligente y sensiblemente, que hay otras maneras de entender y trabajar con los objetos. Para concluir: en esta reseña es imposible, e injusto, dar cuenta de la profundidad del vasto trabajo de Oroza, que abarca instalaciones, manifiestos, exposiciones, catálogos. Un punto de partida es conocer su sitio web http://www.ernestooroza.com/. (Javier Swedzky, Buenos Aires)

*Este texto será publicado igualmente en la la revista digital e impresa de teatro latinoamericano CONJUNTO de Casa de las Américas en su edición de octubre-diciembre del 2019.

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