CUADERNO Historias de vida

Nuestro amigo el Trotskista

En los trabajos de campo hemos conocido a muchos personajes que nos hablan de sus vidas y/o de sus pertenencias. Aunque observamos, analizamos y registramos todo lo que sucede en esos vínculos, por razones de amplitud, no siempre usamos todo que lo investigamos en los resultados finales. Pero son vínculos que forman parte esencial de la Agencia, y que se quedan como archivo vivo de lo que este oficio nos enseña.

Es por ejemplo el caso de nuestro amigo trotskista, Lluís Martí Bosch, un artista visual y cronista libre de la ciudad de Girona, quien si en un principio nos dijo no saber mucho de objetos cotidianos, poco a poco nos abrió a un recorrido alucinante por la historia de su vida a través de sus objetos, caóticos y cubiertos de polvo en los rincones de su taller. Bosch se dedica a recoger objetos de la calle, los guarda a la espera de poder regalarlos a alguien que pase por su estudio. Hace lotes de regalos para maestras y alumnos en la escuela en donde trabaja. Su casa es ante todo un “recicladero”, como él mismo nos dijo. Tiene bolsas de plástico y cartón de todas las tiendas de Girona.

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Su oficina principal es una banca que está ubicada a lado del río. Habla con más de 100 personas al día. Al recorrer las calles de Girona, dice que todo le parece una escenografía. “Visualmente mi inconsciente está en los años 50’s, pero me adapto.”

Tiene 6 pares de zapatos reciclados, no tiene nada nuevo. Sólo sus gafas con las que lleva 10 años, y un cinturón que compró en los chinos por 5 euros. Siempre sale a la calle con bolsas de plástico por si hay algo que pueda recoger a su paso. Se dice conocedor de todas las clases sociales que conforman la ciudad. Pensamos que ha desarrollado un agudo poder analítico a través del tipo de basura que tiran las personas.

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Ya en su taller, nos dedicamos a preguntarle por los detalles de sus mesas. Impresionantes repertorios de recuerdos de sus viajes por el mundo, sus agrupaciones de gafas, de copitas de anís, relojes detenidos, ex-votos de ex-novias, juguetes, pero aun así nos aclara que lo suyo no es el coleccionismo. Un día se encontró un “Jedi hinchable”, uno de los grandes tesoros que guardaba en su casa el día que lo visitamos, inflable que dejó instalado sin querer durante un mes en una barbería.

Entre otras cosas, nos regaló una llave antigua, que perteneció a la casa de un terrado que estaba ubicada en la mítica Calle de la Fuerza. Para nosotros su taller es un auténtico museo involuntario de los objetos más ínfimos de los que poblamos nuestra existencia. Un museo del mapa singular que traza una persona en sus traslados territoriales, adentro y afuera de su ciudad. Estamos muy agradecidos con nuestro amigo Trotskista por su generosidad con nuestra Agencia.

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