Casos Resueltos Procesos

Diario entrelíneas. Caso Berlín

El mapa de Berlín-Este que Martina ha guardado durante años

 

Teníamos al menos dos años tramando esta posibilidad con el Teatro Schaubude de Berlín, que un día llamó a nuestra agencia para solicitarnos que “resolviéramos” algo relacionado con la caída del Muro, ya que el 9 de noviembre se cumplían 29 años del suceso. Nos pedían mostrar el resultado en el Festival de las Cosas 2018 (Theater del Dinge) y así fue. Después de tres meses de investigaciones y un diálogo constante con Anya Deubel, la detective local, devino lo inesperado ante la vastedad temática. Pues como siempre pasa, lo que hemos llamado “casos” se convierten antes que nada en peticiones de trabajos en zonas urbanas concretas o como en esta ocasión, en el abordaje de un tema vinculado a la Historia de la ciudad que nos resultaba inabarcable. Por lo tanto, la búsqueda de los detectives se centra en encontrar “el caso o casos singulares” dentro del primer encargo que suele ser muy general.

Pera este vez, lo solicitado nos desbordaba en muchos sentidos: el ser extranjeros, el no hablar el idioma y por supuesto la magnitud del tema en sí, vigente en cada aspecto de la ciudad. Y si en los casos anteriores resolvíamos lo ilimitado al enfocarnos en lo que de archivo específico puede tener un solo espacio (la historia de una sola calle, una carpintería, un jardín botánico) en Berlín la complejidad aumentó, al transcurrir muchas semanas sin localizar un lugar concreto donde instalarnos para operar nuestra mirada de detectives. Berlín, la ciudad que sobrevive en el imaginario colectivo como plena de solares, de espacios vacíos y casas ocupadas, se nos revelaba poco a poco como un conjunto de distritos cerrados en sí mismos, unos altamente gentrificados, otros en “proceso inminente de.” Una ciudad donde “la tabula rasa urbana” llegaba a nosotros sólo como una especie de mito “wonder land”, un eco post-muro. Nos encontramos con una ciudad en la que la memoria se había convertido en mercancía, en atractivo turístico y en donde mucha parte de la población se resistía a contar su historia individual por razones que habremos de explicar minuciosamente en una futura publicación editorial.

VEB Orange. Tienda-museo afectivo de objetos de la RDA.

 

Paradójicamente la eterna deriva en la búsqueda de espacio a lo largo y ancho de la ciudad, fue la que terminó por revelarnos una fuerte ausencia, una intensidad soterrada y latente en el estado actual de las cosas. Como si el muro jamás se hubiera caído, como si el concepto de “reunificación” fuese absolutamente cuestionable, comenzaron a salir a la superficie miles de voces desde detrás de una objetualidad políticamente conflictiva. Conforme recorríamos algunos distritos que pertenecieron a lo que fue la República Democrática Alemana (Este), las historias de vida que rodeaban a los objetos remanentes de un país extinto, emergían con una potencia bruta para querer contar algo que iba mucho más allá de las exposiciones museísticas sobre la RDA, creadas generalmente por personas del Oeste. Porque como buenos turistas (además de detectives) hicimos un intensivo de museos para constatar después al hablar con la gente, una serie de omisiones, de carencias en la construcción de la idea oficial que parece querer darse de la RDA. Así Diario entrelíneas se convirtió en la reunión de un conjunto de testimonios que desde la supervivencia de los objetos del supuesto país perdido, hacían notar distintos aspectos polémicos, poco abordados y nada resueltos, vinculados a lo que pasó con la gente que habitó la parte Oriental de Alemania después de la caída del muro. Las difíciles formas de reintegración que de un día para otro tuvieron que llevar a cabo para con el nuevo sistema, lo que se perdió, lo que se ganó, lo que nunca se quiso y lo que aún se desea. Los muros invisibles que se mantienen aunque se hable del aniversario de una caída. Así entonces se dejaban ver en Diario entrelíneas, algunas perspectivas encontradas que se sostienen al día de hoy en torno a la vivencia del socialismo; para unos la utopía de un sistema que posibilitaba realmente otra forma de existencia fuera de la lógica del capitalismo, para otros la dictadura indiscutible de un Estado que quiso inmiscuirse en los planos más íntimos de cada vida.

                                                                    Diario Entrelíneas en el Wein Salon. Foto: David Continente

 

Más que posicionarnos a favor o en contra del socialismo, nuestra misión fue recabar la multiplicidad de sentires que se hacían presentes al problematizar su materialidad. Pues pese a la supuesta extinción de la RDA, sus objetos siguen ahí en sus tantas circulaciones y trayectorias, capaces en sí mismos de despertar un debate que cuenta con escasos espacios en la ciudad para ser confrontado desde sus aristas más problemáticas. De esta manera, creamos una “maqueta de comprensión” sobre nuestros encuentros a modo de frankenstein de objetos y en donde cada voz daba pie a la otra como un paisaje sonoro contradictorio y sin centro, como lo es el propio trazado urbano de la ciudad. Ahí sólo la circularidad del Ringbahn generaba la ilusión de un territorio abarcable, concretado alrededor de nuestra acumulación de relatos objetuales, por un antiguo tren de juguete como los que solían tener los niños del Este. Un tren de sombras, un desfiladero de proyecciones espectrales de objetos amados y odiados al mismo tiempo. Amados por quienes quisieron defender la ideología de un sistema hasta el final; amados por quienes además solicitaron la reformulación de los impulsos represivos del mismo, a favor de la persistencia de otra renovada y socialista RDA (la emblemática manifestación de Alexander Platz de octubre 1990). Odiados por quienes padecieron a través de diversas tácticas, la violencia de un aparato de censura y condicionamiento ideológico. Cabe escribir aquí que nuestro enfoque (y tras dialogar con nuestra comunidad protagonista) también se perfiló hacia la fuerza evidente de la personalización: los objetos de la RDA no son de la RDA, son de las personas que tienen nombre y apellido. En esa voluntad particular de poseer, percibimos que los objetos se abrían hacia muchas otras preguntas y evidencias que trascendían la pertenencia, la creencia en un sistema político o no.

El reloj de la RDA que no es de la RDA es de Mario

 

Como si “la maqueta de comprensión” fuera un lugar destinado al fuego (una fogata), un ritual de escucha y reflexión, optamos por la circularidad para presentar el caso. La gente asistente rodeaba el artefacto y lo veía descomponerse y rehacerse continuamente de acuerdo a la entrelínea testimonial. Y esto se vio reforzado por el sitio que finalmente apareció como contenedor idóneo para instalar nuestra oficina: el Wein Salon, un viejo salón de vinos que había sido antes un salón de belleza y que mantenía una atmósfera de salón de casa, de hábitat para la comunión, para la cercanía. Nos pareció que un salón de vinos era acorde a la idea de la “convivencia” de un poliedro de experiencias heterogéneas, relativas a un mismo fenómeno político. Pudimos generar el ambiente para escuchar, el lugar para testimoniar. Y así fue. Cada activación fue muy distinta de la otra de acuerdo a la procedencia de la gente (Este-Oeste) y de su edad. Pero el resultado no pasó desapercibido y recibimos muchas respuestas tanto de un lado como del otro, también gente que debatía entre ella. Nuestros entrevistados asistieron a diferentes activaciones y completaron espontáneamente las visiones desde lo que habían vivido. Pero los objetos del socialismo fueron siempre el hilo conductor, el factor de mediación, el punto de todo cuestionamiento bajo una presencia nada inocente, cargada de discurso.

Se proyecta que Diario entrelíneas continúe en el 2019 bajo otra versión ambulante e interactiva para promover el encuentro de visiones al respecto. Esto a lo largo de diferentes ciudades y pueblos de Alemania, quizá no sólo del Este. Pues como nos dijo Silvia, una de las protagonistas, se cumplirán 30 años de la caída del Muro y ahora sí bajo esta distancia, parece ser el tiempo de hablar de los desarraigos vividos tras la supuesta reunificación. El tiempo de dejar de guardar algunos silencios. Y ahí los objetos, que para la gran parte de la gente valen más que nada por su diseño y su estatus vintage, hacen su trabajo.

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