Objetos personales que las personas conservan con un fuerte afecto de por medio, que condensan y reviven los aspectos subjetivos de una época remota o de un pasado inmediato. Por medio de cuestionar su trayectoria vital, en algunos casos, se pueden llegar a reconstruir hechos sociales que sobrepasan su ser ínfimo.

Historias de vida Objeto y Memoria (mnemobjetos)

El libro como práctica de resistencia en prisión

                                                                                                                                                                                                                                      

                                                                                                                                                                                                                                               Para Mónica

Mónica era de Alemania del Este e intentó huir con su novio al Oeste, pero fue detenida. Tras caer el Muro rehízo su vida y ahora es guía para turistas, investigadores, estudiantes y detectives de objetos como nosotros, en esta prisión que la encerró dos años y medio. Una prisión de la STASI ubicada en Genslerstraße que no aparecía en el mapa de la RDA durante la Guerra Fría. Una cárcel oculta en el distrito de Hohenschönhausen, en la que se utilizaban camiones camuflados de empresas como lavanderías o panaderías para transportar a los detenidos hasta ahí; ellos mismos desconocían el recorrido que hacían los vehículos disfrazados. El lugar ahora se ha convertido en un memorial: Berlin-Hohenschönhausen. Mónica nos guía por su inmensidad y nos lleva a la que era su celda, se transporta delante de las treinta personas que hoy nos apretamos ahí. Fuma por esa ventana que una vez estuvo cerrada. Su voz es grave, de fumadora solitaria.
Saca un libro de su bolsa, un ejemplar de Nikolai Amossow forrado con un papel beige, vemos claramente el filo de sus uñas pintadas. Aquí les dejaban leer dos libros por semana.

–Los libros de viajes– dice con su voz de fumadora– eran la máxima tortura. Mónica abre el libro y se le ilumina la piel, más que un libro es una lámpara. Desliza sus uñas por la tipografía y ahí está la clave, la práctica secreta, el código interno, el devenir sutil de la esperanza: las uñas de Mónica largas hasta lo permisible para poder subrayar invisiblemente, arañar en línea recta este papel y dejar la huella de la uña sobre una frase concreta que al próximo lector del libro le pudiera dar fuerza, algún indicio de compañía, una línea horizontal hundida en el papel amarillo como afirmación de que hay más gente que respira en esta cárcel.

El vaivén de estos libros era como el periplo de una botella con un mensaje lanzado al mar azaroso de aquel encierro. Las oraciones subrayadas pasaban así, de celda en celda, de mano en mano, construyendo adentro del objeto otro objeto, la historia de otro libro que versaba sobre el deseo de la libertad. Después de que cayó el Muro, unas personas se dedicaron a recoger todos los libros abandonados de la cárcel, y Mónica les compró este libro por un marco, el mismo libro en el que ella había hecho los subrayados ínfimos.Cuando en aquel estado agónico ella dejó la marca de su uña ahí, nunca imaginó que tantos años después se encontraría otra vez en esta celda fumando con el libro abierto y las uñas pintadas, bien largas. Mónica decodifica el libro en subrayados de uñas delante de nosotros y hace que esas líneas invisibles de pronto llenen para nosotros todo el cuarto, después todo el edificio, toda su arquitectura, líneas de uña desbordadas también hacia la historia de la ciudad, como líneas de la vida, del sentido de la vida, de la vida de Mónica, o de la nuestra, al acompañr este instante.  Esta cárcel es un diario entrelíneas para quien lo sepa leer. Berlín es un diario entrelíneas escrito en la tez de los objetos, para quien lo sepa leer. Nos despedimos de ella y la veremos salir por la puerta del recinto con su cigarro, la mujer sale cada determinado día por esa puerta como reafirmando una y otra vez su libertad // Detective Shaday Larios

*Esta Historia de vida forma parte del caso Diario entrelíneas, Teatro Schaubude Berlín 2019. Se puede leer completa dentro del libro Detectives de objetos editado por La uÑa RoTa

 

 

CUADERNO Historias de vida Objetario Objeto y Memoria (mnemobjetos)

El mechero del sereno

El sr. Eduardo de la Vega (Presidente de la Asociación de Vecinos del Carrer Arc del Teatre) localizó por entre los lugares más escondidos de su casa, un mechero (encendedor) de un sereno (antiguo vigilante nocturno que había en los barrios, encargados de regular el alumbrado público), quien trabajó durante años en el Raval. Un viejo mechero de los años setenta de color dorado que le había dejado de recuerdo, el día que dejó su empleo. El sr. de la Vega conservaba aquella reliquia y según nos comentó, se trataba de uno de los últimos serenos del Raval, apodado “el grabado.” Para nosotros fue simbólico que él decidiera dejar al proyecto el mechero del último sereno del barrio chino. Presentimos que ese pequeño artilugio tenía todo el potencial de sugerirnos algo de la “oscuridad del barrio”, de sus figuras de poder y vigilancia y de sus ulteriores transformaciones en otras figuras que poseen actualmente el mismo rol bajo otros nombres. (Forma parte del caso abierto: El barrio chino a través de los objetos)

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CUADERNO Espacios Historias de vida Objetario Objeto y Memoria (mnemobjetos)

La sillita del colmado La Montserratina

La descubrimos cuando Jordi, del colmado La Montserratina del Carrer Arc del Teatre, nos llevó a la trastienda con el único fin de mostrarnos el espacio. Por entre el montón de cajas vacías, casi escondida, estaba una silla para niños, que no formaba parte de la estantería principal a la vista de la gente, en donde solían colocar los objetos antiguos que les obsequiaban los vecinos (“los objetos de más estatus”). En cuanto la percibimos, intuimos que en esa silla camuflada entre cartones, había un relato potencial. Lo insinuaba su materialidad, madera vieja, oscura, gastada (igual a los “objetos pobres” de Tadeusz Kantor, a sus ojos, esta sería una silla adecuada para desenvolverse por la metafísica material de lo informal). Al preguntar por ella, los hermanos nos contaron que había pertenecido a su padre cuando era niño, era una silla de más de ochenta años, construida por su abuelo, quien fue ebanista. Detectamos los afectos que poseía esa silla, “la infancia del padre” (el cual llegó a hacerse cargo del colmado en los años cincuenta). Con sólo verla, los hermanos parecían revivir un sentimiento a nosotros desconocido. Era una silla que imponía cierto respeto en esa micro-historia que ahora explorábamos, aunque permanecía escondida, sin formar parte de las estanterías principales. No nos supieron decir porqué no estaba a la vista, y en ese gesto, dedujimos que en la silla se silenciaba un afecto que merecía nuestro respeto y también nuestro silencio. (Forma parte del caso abierto: El Barrio Chino a través de sus objetos)

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