Esta sección reúne una serie de “categorías” inventadas, alrededor de objetos y residuos materiales, encontrados y pensados durante los casos examinados en nuestra Agencia.
Las categorías funcionan más que nada como pequeños bosquejos de la idea de “categoría.” Son breves entradas de reflexión utilizadas para agrupar las semejanzas entre nuestras observaciones materiales, y de paso, ahondar en la biografía de ciertos objetos que consideramos representativos según los casos. Se podrá ver, cómo una misma categoría se puede complementar con muchos ejemplos localizados en distintos procesos.

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70 años de historia en llaves

Steven Connor señala en Parafernalia, la curiosa historia de nuestros objetos cotidianos que la llave es un objeto que parece que “tenga que ser legible, es siempre una forma de escritura en hierro”. Como parte de nuestro primer caso resuelto, nos encontramos con que las cuatro generaciones de carpinteros Lladó del Barri Vell de Girona, además de trabajar la madera, se dedicaron a montar y desmontar cerraduras a lo largo de toda la ciudad. En setenta años nunca tiraron ni una sola de las llaves remanentes en ese gesto; están amontonadas en un cajón, aparecen por todos los rincones y en su cuerpo metálico se atestiguan las transformaciones materiales. También guardan llaves que en un acto de confianza les dejaban los vecinos por si tenían que regresar a sus casas a terminar pendientes. Lo mismo las que les confiaban los dueños de muchos comercios. Hay llaves des-cerradas, llaves heridas, llaves que alguna vez fueron poderosas y que hoy todavía están ahí como para recordarnos que fueron importantes.

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Nos dedicamos a localizar dentro de las facturas de la carpintería los lugares en los que se había colocado o descolocado una cerradura y con ello guiamos un mapa del Barrio Viejo, para tratar de ubicar también los lugares ya inexistentes por los que habían pasado los Lladó. A través de sus cerraduras podíamos recorrer espacios y mobiliarios inconexos, a veces ya en desuso. Por ejemplo, montaron cerraduras en la Torre Carlo Magno de la catedral, en el confesionario, para pianos en casas particulares, para maletas en alguno de los conventos, para mueble bares, mesillas de noches, armarios, vitrinas, archiveros, para hileras enteras de buzones en muchas comunidades de vecinos, hileras de contadores de luz, para la caja de limosnas de una de las congregaciones religiosas hecha con madera africana, áticos, puertas y portones de todo tipo, etc. Además tenían un manojo de llaves maestras que abrían muchos muebles de todo el Barri Vell de Girona, provenientes de varias épocas. Por las llaves podíamos observar también la evolución del grosor de las puertas e imaginarnos, preguntarnos e investigar, cómo ha sido el cambio de dimensiones de las viviendas. Sigue Connor sobre las llaves: “han perdido toda materialidad, convertidas en cifras abstractas”. Llaves contraseñas, llaves tarjetas, llaves dígito, llaves voz. Los centenares de llaves que se han guardado en la carpintería Lladó son un catálogo que apunta a esta desmaterialización, sin llegar todavía a perder a su par complementario, la cerradura, el resquicio, el ojo.

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Con las llaves y las facturas de la carpintería pudimos re-construir una cartografía que aún estaba en el imaginario de muchas personas del barrio. Junto con el último carpintero de los Lladó, recorrimos las calles y observamos la metamorfosis de los comercios por entre las calles atestadas de turistas. Nos dimos cuenta cómo en generaciones anteriores se practicaba con recurrencia el coleccionar, el acumular, el guardar; advertimos que era un acto compartido con otras personas de la tercera edad con las que hablamos durante nuestras derivas. Y por estas acumulaciones, en este caso de llaves, era posible trazar espacialidades, construir mapaduras para revisar desplazamientos de la ciudad y sus comercios. El complemento potencial para construir nuestra cartografía fue el tipo de “objeto-factura” almacenado en la carpintería. (Caso resuelto Primer Álbum).

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Foto de Anna Batllo

Geobjetos Objetario

El objeto factura

   La carpintería resultó ser, entre muchas otras cosas que la desbordaban de sí, un museo del “objeto factura.” Vimos la evolución de sus formas físicas desde 1946 hasta la fecha. Paquetes envueltos con papel y cuerda, cuadernos de todos los tamaños con y sin pasta dura, archiveros de todos los estilos, cajas de cartón, etc. Ignorábamos la precisión que encontraríamos en el interior de estos papeles. En cada uno de ellos se detallaban las acciones que había seguido el artesano para realizar su trabajo, casi como una partitura de acciones, de actemas. En cada una de ellas estaban la fecha y el lugar anotados, así que resultaron ser diarios de construcción, archivos de diseños de interiores y exteriores, planos enteros de colocaciones, restauraciones y destrucciones de muebles e inmuebles de toda Girona. Las facturas fueron puertas para conocer parte por parte cómo habían sido muchos espacios históricos de la ciudad que ya habían desaparecido. Nos adentramos a una ciudad espectral, todavía flotante, todavía con residuos y reciclajes arquitectónicos en la ciudad del presente. Radio Girona, Foto Lux, Farmacia Sagrera entre muchos otros lugares, podían reconstruirse al seguir paso a paso lo que los carpinteros habían hecho. Nos posicionamos en sus ojos, volvimos a recorrer la ciudad de la mano de Armand para anotar la razón de ser de la ciudad perdida, de la ciudad debajo de la ciudad gentrificada.

Catalogamos con distintas entradas una muestra grande de facturas y en base a ellas perfilamos un territorio en un mapa viejo con los nombres antiguos de las calles, el espacio vivido por muchos vecinos. Estrella de Diego en su pequeña crítica cartográfica occidental denominada Contra el mapa, apunta: “Desde arriba las ciudades son como las necesita el deseo: defendidas y poderosas, dilatadas en el tiempo, innumerables, puntos.” Nosotros intentamos hacerlo al revés, a través de las llaves y las facturas de los carpinteros aterrizamos una realidad de la que hablaban los habitantes de toda la vida del Barrio Viejo y que estaba debajo, muy por debajo, o muy fuera, de los mapas que se les venden a los turistas. Cuántos deseos (que jamás contemplarán los mapas oficiales) encontramos de reinventar las calles, de volver a contarlas, de volver a vivirlas, de volver a recorrerlas mentalmente bajo otros “vuelos de reconocimiento”. Tuvimos una breve posibilidad con los geobjetos conservados como patrimonio involuntario en la Carpintería Lladó. (Caso resuelto Primer Álbum).

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Foto de Anna Batllo

 

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Objetario Objeto y Memoria (mnemobjetos)

El mechero del sereno

El sr. Eduardo de la Vega (Presidente de la Asociación de Vecinos del Carrer Arc del Teatre) localizó por entre los lugares más escondidos de su casa, un mechero (encendedor) de un sereno (antiguo vigilante nocturno que había en los barrios, encargados de regular el alumbrado público), quien trabajó durante años en el Raval. Un viejo mechero de los años setenta de color dorado que le había dejado de recuerdo, el día que dejó su empleo. El sr. de la Vega conservaba aquella reliquia y según nos comentó, se trataba de uno de los últimos serenos del Raval, apodado “el grabado.” Para nosotros fue simbólico que él decidiera dejar al proyecto el mechero del último sereno del barrio chino. Presentimos que ese pequeño artilugio tenía todo el potencial de sugerirnos algo de la “oscuridad del barrio”, de sus figuras de poder y vigilancia y de sus ulteriores transformaciones en otras figuras que poseen actualmente el mismo rol bajo otros nombres. (Forma parte del caso abierto: El barrio chino a través de los objetos)

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Objetario Objeto y Memoria (mnemobjetos)

La sillita del colmado La Montserratina

La descubrimos cuando Jordi, del colmado La Montserratina del Carrer Arc del Teatre, nos llevó a la trastienda con el único fin de mostrarnos el espacio. Por entre el montón de cajas vacías, casi escondida, estaba una silla para niños, que no formaba parte de la estantería principal a la vista de la gente, en donde solían colocar los objetos antiguos que les obsequiaban los vecinos (“los objetos de más estatus”). En cuanto la percibimos, intuimos que en esa silla camuflada entre cartones, había un relato potencial. Lo insinuaba su materialidad, madera vieja, oscura, gastada (igual a los “objetos pobres” de Tadeusz Kantor, a sus ojos, esta sería una silla adecuada para desenvolverse por la metafísica material de lo informal). Al preguntar por ella, los hermanos nos contaron que había pertenecido a su padre cuando era niño, era una silla de más de ochenta años, construida por su abuelo, quien fue ebanista. Detectamos los afectos que poseía esa silla, “la infancia del padre” (el cual llegó a hacerse cargo del colmado en los años cincuenta). Con sólo verla, los hermanos parecían revivir un sentimiento a nosotros desconocido. Era una silla que imponía cierto respeto en esa micro-historia que ahora explorábamos, aunque permanecía escondida, sin formar parte de las estanterías principales. No nos supieron decir porqué no estaba a la vista, y en ese gesto, dedujimos que en la silla se silenciaba un afecto que merecía nuestro respeto y también nuestro silencio. (Forma parte del caso abierto: El Barrio Chino a través de sus objetos)

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Objetario Residuos simbólicos

Colillas de tabaco del Barrio Chino

El mejor caso que encontramos de ello, son las colillas de tabaco dentro del Barrio Chino de Barcelona. Estos residuos materiales fueron en “los mercados negros” o mercados estraperlistas (durante la época de racionamiento de alimentos debido a la guerra) una de las principales fuentes de venta, pues muchas personas sobrevivían a través de su recolección. Es uno de los signos más evocados por las personas que vivieron en aquella época. Los recolectores, perseguidores de fumadores pudientes, formaban montoncitos de los distintos tipos de colillas para su re-venta. Hoy se les puede localizar como un elemento insignificante sobre cualquier pavimento del barrio, aunque tengan otro sentido para las las personas nacidas en los años cuarenta que transitan esas calles. (Forma parte del caso abierto El barrio chino a través de sus objetos).

Objetario Objetos arquitectónicos

Las baldosas del taller de herramientas


Los fragmentos de baldosas cuasi invisibles que sobreviven afuera de un estanco de Girona, mismos que pertenecían a lo que fue un taller de construcción de herramientas de los Ensesa en los años veintes. Nosotros llegamos a esta localización gracias a los relatos que nos contó el recién fallecido restaurador de metales Joan Ensesa, parte de esta familia. (Forma parte de las investigaciones de nuestro caso resuelto Primer álbum).

Objetario Objetos arquitectónicos

El escalón de las trabajadoras sexuales

 

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El escalón de una portería en el que esperaban las trabajadoras sexuales, ubicado en un edificio de la Rambla de Barcelona, cerca del Carrer Arc del Teatre. Es un escalón en el que sus zapatos de tacón han dejado su rastro hundido en la piedra, tanto debió de ser su uso. Para quienes lo saben (ya que no se trata propiamente de una atracción para turistas), evoca los tiempos más activos de prostitución por la que se distinguió el barrio, y permite hacer una reflexión en torno a los modos en los que se ha transformado en el tiempo presente. (Forma parte del caso abierto El barrio chino de Barcelona a través de sus objetos).