CUADERNO Objetario Objetos Ausentes Procesos

Los objetos ausentes

Con nuestro reciente caso resuelto Cuaderno de Campo (julio 2018) accedimos a la investigación de otro tipo de materialidad que dadas las circunstancias, puso en práctica y sin nosotros buscarlo, una tentativa conceptual que desde que comenzamos con la agencia nos atrajo: la posibilidad de hacer un teatro de objetos sin objetos. Mejor dicho, un teatro de objetos documentales sin objetos físicos aunque sí mentales. El vacío material o la inmaterialidad como sustancias que instigaran la emergencia de escenarios impensados y a la vez, mantuvieran su impulso creativo en la existencia virtual de los objetos. Una paradoja que abriera territorios además cercanos con nuestra experiencia contemporánea del desvanecimiento o la transfiguración material hacia la virtualidad, aunque desde otra perspectiva no relacionada a la digitalización sino a la memoria en sí como acontecimiento virtual.
Cuaderno de Campo resolvió dos casos en uno, (léase Cuaderno de Campo en casos resueltos) por un lado nos acercamos a muchos objetos documentales del lado de la memoria botánica (cuadernos de campo, fotografías, dibujos, artefactos científicos, semilleros, prensas de herbario, etc.) pero por la parte de la memoria barraquista nos acercamos a la señalada virtualidad de los objetos al encontrarnos con una gran comunidad de objetos ausentes.

Escombros de barracas encontrados tras hacer “arqueología” en las tierras del Jardín Botánico de Barcelona

 

Cuando nos reunimos con Oriol Granados, estudioso de la historia de la montaña de Montjuïc (creador del Servicio Arqueológico de la Ciudad de Barcelona y que además fue maestro en los barrios de barracas) y le dijimos que éramos detectives de objetos, nos dijo que lo teníamos difícil, que tratar de hablar de la memoria de las barracas a través de la objetualidad era una misión imposible. No sólo por la carencia material que padecía aquel entorno, sino también porque realmente no había quedado nada físico de aquellas comunidades, más allá de algunas fotografías y un gran objeto de objetos: La Voz de la Montaña. Ésta fue una revista de 21 números, escrita por los propios barraquistas entre 1967 y 1968, y en la que escribieron enérgicamente sobre las necesidades infraestructurales de sus barrios, como de su deseo asociativo para el bien de los mismos. Por nuestra parte, “objetocentramos” y recorrimos cada una de sus líneas para adentrarnos en una discursividad hecha por jóvenes principalmente, llena de vida y del afán por mejorar desde la auto-organización el estado de la cosas.

Oriol Granados nos hizo ver que en este caso a resolver, el único objeto restante era la memoria. La memoria convertida en objeto.

Mientras más escuchábamos los testimonios de los ex-barraquistas y sin nosotros preguntarles nada alusivo a los objetos, comprendimos que en realidad estaban llenos de una objetualidad muy vívida que parecía actualizarse en cada narración. Además, por las condiciones precarias del lugar, observamos la semejanza entre los relatos objetuales, el protagonismo recurrente de ciertas cosas en el estado alerta de la supervivencia o el cómo, al vivir en espacialidades tan reducidas, se daban otro tipo de vínculos afectivos con los objetos.
El estado de virtualidad de los objetos parecía abandonar su estado intangible cuando también nuestra comunidad protagonista, accedió a dibujarnos un mapa de sus barracas. Con ellos y ellas revivimos lo que había, lo que no, y cuál era el lugar del cuerpo dentro de la arquitectura emergente, construida a veces, en una sola noche para que la policía no advirtiera la edificación ilegal. Uno de los ex-barraquistas, Pepe Carmona
-quien por azar objetivo nos encontramos en el Jardín Botánico de Barcelona durante nuestras derivas- fue quien mejor nos describió su barraca a escala 1.1. Nos habló también de cómo su madre había preferido tener un mueble económico, a tener uno tipo “Luis XV” que un abogado le había regalado a su esposo, el cual tiró.
En Cuaderno de Campo dejamos clara esta ausencia de materiales físicos, convirtiéndonos así en detectives desde los procesos orales y las variaciones del recuerdo en torno a los objetos. No se trataba ya de cómo algo de las personas y los barrios sobrevivía en los objetos presentes, sino en cómo los objetos y los barrios ausentes sobrevivían, se actualizaban y encarnaban en las personas entrevistadas por nosotros. ¿Cómo traducir ese movimiento subjetivo, ese tránsito psíquico de la materia?
Los objetos ausentes se tradujeron en un recorrido dirigido por el Jardín Botánico de Barcelona, antiguo barrio de barracas, ahora bifurcado entre flora de Australia, Chile, Sudáfrica, California y la Cuenca Mediterránea Europea. Por el camino se encontraban placas en donde se confundía la información de plantas determinadas, con algún detalle cotidiano de las barracas, alusivo a su objetualidad: zurcir las medias de nylon, imaginar los más de 30.000 cubos (cubetas) a la redonda para ir por el agua, el zapatero como oficio crucial en una montaña que había que subir y bajar varias veces al día porque no había transporte. Etcétera. Así fue como aprovechamos e intervenimos las propias placas informativas del jardín y las fuimos desdibujando, para hacer resurgir poco a poco, el otro espacio todavía presente en miles de personas.

La lectura de las placas botánico-barraquistas. Foto de Nino Milone

 

Debajo del llamado “Pino de Can Valero”, uno que ya estaba desde antes de la construcción del jardín y que era de la época de las Barracas, dibujamos con agua, (siempre a punto de borrarse) los perímetros de la barraca de Pepe Carmona escala 1.1, mientras él narraba en voz en off la historia de sus muebles.

Foto de Nino Milone

 

Y debajo de los olivos, desenterramos un libro: Las sombras se equivocaron de dueño. Las barracas de Can Valero Petit de Miquel Cartisano. Éste lo encontramos en la biblioteca, y después pudimos reunirnos con Miquel, actual escritor y filósofo que vivió su infancia en las barracas. Resonamos con su narración porque en ella, se refería y en primera persona, a múltiples descripciones de la vivencia material. Se convirtió con sus memorias en un gran aliado de Cuaderno de Campo. Alrededor de los olivos gemelos de 600 años, dábamos lectura de algunos fragmentos, a la vez que cuestionábamos indirectamente nuestro propio rol de detectives de objetos, en un caso que no nos permitía más que tramitar con su virtualidad psíquica; todo esto en un paisaje que quizá guardaba sólo varias capas de tierra hacia abajo, alguna reminiscencia de lo que ahí habitó. Transcribo algunos pasajes del libro de Miquel:

Miquel Cartisano y su libro “Las Sombras se equivocaron de cdueño. Las barracas de Can Valero Petit”

 

“Había poco dinero circulando, en consecuencia, las personas no eran de multiplicar objetos. Con una cosa de cada bastaba. Así, cuando unos zapatos se estropeaban era cuando te sabías con el derecho a cambiarlos. A nadie se le hubiera ocurrido almacenar dos pares en casa”

“Las señas de identidad de un obrero eran sus herramientas. Rara era la chabola en las que entraras que no hubiera a lado de la puerta los instrumentos de faena bien a la vista. Instrumentos que siempre se enseñaban al visitante como el dato que certificaba que allí vivía una persona de la misma clase y condición que las demás, una persona trabajadora.”

“Contra el frío nocturno, a todos los efectos, La Vanguardia Española era un bien preciado. Mi madre decía que aquel papel de periódico era como el cerdo, del que se aprovechaba todo, incluso los titulares. Lo entendí mucho tiempo después.
Con aquellas hojas se envolvían los bocadillos, se tapaban los orificios de las paredes y las rendijas de la puerta por donde entraba el aire, se liaban los ladrillos calientes que te ponías en los pies cuando el frío era más helado de lo normal, e incluso hacían de alfombra cuando acababas de bañarte en la palangana […]”

“La herramienta principal de Don Cipriano no era la báscula, era su lápiz y su libreta. Allí apuntaba todo lo que fiaba a las familias del recinto. Y todos estábamos en deuda con él […] Entonces, Don Cipriano descolgaba de la oreja su lápiz de punta gorda que lamía con la lengua, y sumaba una interminable columna de pesetas y céntimos.”

“En el bar de los Tres Pins había un teléfono público. Arrinconado en el extremo del mostrador, era capaz de explicarte todas las andanzas de las gentes del poblado. Solo hacía falta alimentarle con una ficha que costaba dos pesetas y con la que abrías las puertas del mundo exterior. El silencio más sepulcral se establecía cuando sonaba el aparato, y en más de una ocasión había que ir a buscar al vecino para decirle que tenía una llamada. De allí partían todas las noticias. Y allí llegaban todas las noticias.”

En su momento, solicitamos al jardín excavar alguna parte de las hectáreas para ver si encontrábamos algún residuo o escombro simbólico, pero al ser un museo, sólo lo pudimos hacer cuando transplantaron de un lugar a otro una suerte de palmera sudafricana (un fósil vegetal, pues ya la comían los dinosaurios) llamada “encefalartos”. Y encontramos pocos restos. Rafa Usero, otro ex-barraquista, nos contó que de hecho, él ya había intentado más de una vez, hacer este trabajo de arqueología por los alrededores de la montaña, y que se emocionaba mucho cuando llegaba a encontrarse algún trozo de “rayola”, de la loza del suelo que ellos colectaban para darle forma a las “casitas emergentes”, muchas de ellas construidas con cartón-cuero.
Estos objetos ausentes se hicieron más invisibles porque con el poco tiempo que les dieron a los barraquistas para desalojar la zona, no les dio la vida para llevarse nada o más todavía, lo dejaron todo para re-inventar su existencia en un nuevo hábitat. Nos quedó claro que ellos y ellas reclaman la presencia ya no tanto de placas conmemorativas (aunque la Comisión Ciudadana para la recuperación de la memoria de las barracas ha conseguido que el Ayuntamiento les ponga más de una) como al menos de señales del pasado urbanístico del lugar, para poder volver y ubicar en dónde estaba el lugar en el que habían vivido su infancia y su adolescencia; y no sentir que la historia de sus barrios no había formado parte de la historia de Barcelona.
Escribe Marina Garcés en Ciudad Princesa (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2018) “La historicidad, pues, no es la acumulación de pasados ni la proyección de futuros, sino la potencia inacabada de procesos históricos. Solamente esta potencia de inacabamiento, que la sensibilidad y el pensamiento pueden recoger y transmitir, nos devuelve el carácter contencioso de la historia.” Tal vez los objetos ausentes que vibraron espectralmente con este acontecimiento llamado Cuaderno de Campo, se insertan en esta potencia del inacabamiento de la historicidad. Desde ellos se puede destejer, paradójicamente materializar y debatir, un territorio no reivindicado y que sin embargo, atravesó y atraviesa, al menos tres generaciones de ex-barraquistas. Su historicidad sigue ahí, latiendo, a la espera de que su inacabamiento se haga más visible, más audible; y es precisamente por tal factor inconcluso, que toma fuerza la sensación de lo incapturable al dialogar con los objetos ausentes como documentos. Quedan los cuerpos y su memoria material, y aquí se abre la opción de pensar en otro tipo de teatro de objetos que por ahora se deja aquí como interrogante: ¿Qué problemas y posibilidades nos plantea un teatro de objetos ausentes, un teatro de objetos mentales?

Detective Shaday Larios

 

 

Casos Resueltos CUADERNO Procesos

Cuaderno de Campo

Un día el Festival GREC llamó a nuestra oficina de detectives y nos comisionó trabajar sobre el barrio Poble Sec de Barcelona en un lapso de seis semanas (entre marzo y julio del 2018). Ya puestos y conforme realizábamos entrevistas, un panorama del cual casi nadie sabía darnos razón, aparecía en el pasado de la montaña de Montjuïc: los barrios de barracas poblados por una fuerte migración interna (30.000 personas) que comenzó desde los años veinte y tuvo su mayor auge después de la guerra; sus 6090 chabolas perduraron hasta la década de los setenta, años en los que fueron re-alojados en polígonos y periferias, convirtiéndose en el blanco constante de las autoridades franquistas que buscaban “limpiar” la montaña para cumplir con sus necesidades urbanísticas, tales como hacer un parque de atracciones y darle a Montjuïc el aire deportivo y cultural que hoy es característico dentro de la llamada “marca Barcelona.”

Oficina y lugar de presentación del caso en el Instituto Botánico de Barcelona. La ciudad borrada y el nuevo mapa de fondo. Foto de Ninomilone.tk

 

Fue así que por convicción los detectives nos desviamos de la zona encargada para recorrer la montaña en búsqueda del rastro de aquellos pueblos. Así nos dimos de frente con un espacio híbrido que vislumbramos como el futuro lugar en el cual instalar nuestra oficina para residir temporalmente: El Jardín y el Instituto botánicos de Barcelona. Descubrimos que antes del movimiento de tierras, en dichos espacios se encontraba Can Valero, uno de los barrios principales de barracas. Durante las tres semanas que vivimos con los botánicos construimos un mapa sobre otro mapa. Desdibujamos el presente geográfico de tal espacio lleno de plantas mediterráneas de los cinco continentes, de herbarios históricos, objetos y fondos documentales de botánicos aventureros para en la desfiguración, abrir las heridas y las grietas de una memoria latente: el mapa afectivo perdido en el recuerdo de 30.000 personas. Así nos encontramos ante dos casos unidos por un mismo espacio. Recorrimos por días los caminos del jardín tanto de la mano de botánicos como de ex-barraquistas y percibimos la diferencia de significados que puede tener un mismo lugar según quien lo haya habitado. Pero a la vez vimos cómo parecía que se encontraban unidos por una memoria profunda que intentamos mostrar en nuestro “Cuaderno de Campo”. Nos quedó claro que nunca sabremos con cuántas personas y de qué épocas compartimos nuestros espacios.

Exposición de objetos y fondos documentales del Instituto Botánico en nuestra oficina.
Los detectives en el Jardín. Atrás las Islas Canarias. Foto: Ninomilone.tk

Muchos ex-barraquistas suelen ir al jardín y pagan su entrada no para ver las plantas, sino para recordar los espacios de su infancia y de su adolescencia, sólo que ya no tienen ningún punto de orientación. Ahí quedan algunos árboles sembrados por ellos, como el llamado pino de Can Valero, un punto de intersección entre ambas comunidades que nos llevó a pensar en una posible “etnobotánica afectiva.” Los ex-barraquistas exigen y piden hacer visible lo que ahí existió, no en un afán de nostalgia, sino en un afán de reivindicar una pertenencia, un proceso histórico- migratorio que intentó silenciarse y el cual apenas se conoce.

Pepe Carmona bajo el pino de Can Valero. Ex-barraquista que nos encontramos en el jardín, había venido a recordar el espacio de su infancia.

 

 

 

 

Antigua vista de las barracas de Montjuïc. Foto cortesía de la Comisión Ciudadana para la recuperación de la memoria de las barracas
Portadas de “La voz de la montaña” y debajo un fotoreportaje del transplante de una palmera de una tierra hacia otra tierra; fotos de los años setenta del fondo documental del Instituto Botánico

De este modo conformamos un red colaborativa con la “Comisión Ciudadana para la recuperación de la memoria de las barracas” entidad cooperativa que descubrimos a la par que nos internábamos en el tema.  Nos sumamos a su lucha por hacer visible la memoria del pasado de Montjuïc y la dignidad de sus antiguos habitantes. Gracias a ellos conocimos La Voz de la montaña una revista escrita en los años sesenta por los vecinos barraquistas; en ésta hablaban de las necesidades asociativas de sus barrios para auto-organizarse y cubrir por sí mismos las carencias que el Ayuntamiento no quería escuchar. Ellos consiguieron así salir adelante y abrir por su cuenta un hospital, escuelas matutinas y nocturnas, centros culturales, cines, centros recreativos, tiendas, patronatos de apoyo social, asociaciones múltiples para tratar problemas distintos. 50 años después, la práctica de esa fuerza asociativa perdura y es el pulso de sus barrios en el presente, pues habitar y resolver la precariedad en los pueblos de barracas (ausencia de luz,  de transporte, de agua, de lavabos, etc.) de manera autónoma, acentuó en ellos un sentido comunitario.

Los detectives de objetos en los olivos de 600 años transplantados desde Alicante. Foto de Ninomilone.tk
Oficina de El Solar en el Instituto Botánico de Barcelona Foto. Ninomilone.tk
Espacio pensante de nuestra oficina portátil. Memoria Botánica (MB1) y Memoria Barraquista (MB2) unidas por un mismo trozo de tierra.

“Cuaderno de Campo” es la reunión de hilaturas entre la memoria botánica y la memoria barraquista unidas por un mismo espacio. Mientras los primeros nos hablaban de que todo el jardín era una especie de inventario de estrategias de resistencia, de cooperativismo y de negociaciones constantes a los medios que a las plantas les ofrece la vida, los segundos nos daban el ejemplo en tiempo presente de los poderes que tiene el asociacionismo y la autorganización social.
Nuestra agencia abrió una brecha en el jardín y pudimos conciliar a las dos comunidades, si todo sale bien, el Ayuntamiento abrirá una exposición de las Barracas en la Sala de Exposiciones del Institut Botánic y con suerte se creará una aplicación digital que recorrerá la memoria no sólo de las plantas, sino de parte de la historia de los pueblos afincados en las 14 hectáreas que abarca el terreno.

Exposiciones, grada, oficina y prensa de herbario. Foto. Ninomilone.tk
Archivo de Semillas. Fondos del Instituto Botánico de Barcelona.
Con los asistentes al caso adentro del Ficus australiano. Ahí hablamos de las estrategias cooperativas de los árboles y descubrimos voces de mujeres ex-barraquistas que hablaban de su comunidad. Foto de Ninomilone.tk

Mientras duró “Cuaderno de Campo”, creamos nuestra propia exposición con  materiales de ambos casos, pusimos nuestras placas temporales por los caminos del jardín, hicimos un recorrido alternativo con la gente y descubrimos otra forma de objetualidad latente en el recuerdo barraquista. Pero de esto último se puede leer en la sección objetos ausentes de nuestro objetario. Gracias a toda y tanta gente implicada en la resolución de este entramado de memorias. Ha sido bestial tener cada noche a botánicos y a ex-barraquistas activando junto con nosotros el “Cuaderno de Campo” que los tejió y les dio cita, subjetiva y materialmente. En tanto, la ciudad se veía a lo lejos, abajo, como telón de fondo de las cartografías impensables que urden todo proyecto urbanístico.

Gracias a David Continente (ContiMarku) por los videos.

 

CUADERNO Geobjetos Objetario Procesos

70 años de historia en llaves

Steven Connor señala en Parafernalia, la curiosa historia de nuestros objetos cotidianos que la llave es un objeto que parece que “tenga que ser legible, es siempre una forma de escritura en hierro”. Como parte de nuestro primer caso resuelto, nos encontramos con que las cuatro generaciones de carpinteros Lladó del Barri Vell de Girona, además de trabajar la madera, se dedicaron a montar y desmontar cerraduras a lo largo de toda la ciudad. En setenta años nunca tiraron ni una sola de las llaves remanentes en ese gesto; están amontonadas en un cajón, aparecen por todos los rincones y en su cuerpo metálico se atestiguan las transformaciones materiales. También guardan llaves que en un acto de confianza les dejaban los vecinos por si tenían que regresar a sus casas a terminar pendientes. Lo mismo las que les confiaban los dueños de muchos comercios. Hay llaves des-cerradas, llaves heridas, llaves que alguna vez fueron poderosas y que hoy todavía están ahí como para recordarnos que fueron importantes.

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Nos dedicamos a localizar dentro de las facturas de la carpintería los lugares en los que se había colocado o descolocado una cerradura y con ello guiamos un mapa del Barrio Viejo, para tratar de ubicar también los lugares ya inexistentes por los que habían pasado los Lladó. A través de sus cerraduras podíamos recorrer espacios y mobiliarios inconexos, a veces ya en desuso. Por ejemplo, montaron cerraduras en la Torre Carlo Magno de la catedral, en el confesionario, para pianos en casas particulares, para maletas en alguno de los conventos, para mueble bares, mesillas de noches, armarios, vitrinas, archiveros, para hileras enteras de buzones en muchas comunidades de vecinos, hileras de contadores de luz, para la caja de limosnas de una de las congregaciones religiosas hecha con madera africana, áticos, puertas y portones de todo tipo, etc. Además tenían un manojo de llaves maestras que abrían muchos muebles de todo el Barri Vell de Girona, provenientes de varias épocas. Por las llaves podíamos observar también la evolución del grosor de las puertas e imaginarnos, preguntarnos e investigar, cómo ha sido el cambio de dimensiones de las viviendas. Sigue Connor sobre las llaves: “han perdido toda materialidad, convertidas en cifras abstractas”. Llaves contraseñas, llaves tarjetas, llaves dígito, llaves voz. Los centenares de llaves que se han guardado en la carpintería Lladó son un catálogo que apunta a esta desmaterialización, sin llegar todavía a perder a su par complementario, la cerradura, el resquicio, el ojo.

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Con las llaves y las facturas de la carpintería pudimos re-construir una cartografía que aún estaba en el imaginario de muchas personas del barrio. Junto con el último carpintero de los Lladó, recorrimos las calles y observamos la metamorfosis de los comercios por entre las calles atestadas de turistas. Nos dimos cuenta cómo en generaciones anteriores se practicaba con recurrencia el coleccionar, el acumular, el guardar; advertimos que era un acto compartido con otras personas de la tercera edad con las que hablamos durante nuestras derivas. Y por estas acumulaciones, en este caso de llaves, era posible trazar espacialidades, construir mapaduras para revisar desplazamientos de la ciudad y sus comercios. El complemento potencial para construir nuestra cartografía fue el tipo de “objeto-factura” almacenado en la carpintería. (Caso resuelto Primer Álbum).

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Foto de Anna Batllo

CUADERNO Geobjetos Objetario Procesos

El objeto factura

   La carpintería resultó ser, entre muchas otras cosas que la desbordaban de sí, un museo del “objeto factura.” Vimos la evolución de sus formas físicas desde 1946 hasta la fecha. Paquetes envueltos con papel y cuerda, cuadernos de todos los tamaños con y sin pasta dura, archiveros de todos los estilos, cajas de cartón, etc. Ignorábamos la precisión que encontraríamos en el interior de estos papeles. En cada uno de ellos se detallaban las acciones que había seguido el artesano para realizar su trabajo, casi como una partitura de acciones, de actemas. En cada una de ellas estaban la fecha y el lugar anotados, así que resultaron ser diarios de construcción, archivos de diseños de interiores y exteriores, planos enteros de colocaciones, restauraciones y destrucciones de muebles e inmuebles de toda Girona. Las facturas fueron puertas para conocer parte por parte cómo habían sido muchos espacios históricos de la ciudad que ya habían desaparecido. Nos adentramos a una ciudad espectral, todavía flotante, todavía con residuos y reciclajes arquitectónicos en la ciudad del presente. Radio Girona, Foto Lux, Farmacia Sagrera entre muchos otros lugares, podían reconstruirse al seguir paso a paso lo que los carpinteros habían hecho. Nos posicionamos en sus ojos, volvimos a recorrer la ciudad de la mano de Armand para anotar la razón de ser de la ciudad perdida, de la ciudad debajo de la ciudad gentrificada.

Catalogamos con distintas entradas una muestra grande de facturas y en base a ellas perfilamos un territorio en un mapa viejo con los nombres antiguos de las calles, el espacio vivido por muchos vecinos. Estrella de Diego en su pequeña crítica cartográfica occidental denominada Contra el mapa, apunta: “Desde arriba las ciudades son como las necesita el deseo: defendidas y poderosas, dilatadas en el tiempo, innumerables, puntos.” Nosotros intentamos hacerlo al revés, a través de las llaves y las facturas de los carpinteros aterrizamos una realidad de la que hablaban los habitantes de toda la vida del Barrio Viejo y que estaba debajo, muy por debajo, o muy fuera, de los mapas que se les venden a los turistas. Cuántos deseos (que jamás contemplarán los mapas oficiales) encontramos de reinventar las calles, de volver a contarlas, de volver a vivirlas, de volver a recorrerlas mentalmente bajo otros “vuelos de reconocimiento”. Tuvimos una breve posibilidad con los geobjetos conservados como patrimonio involuntario en la Carpintería Lladó. (Caso resuelto Primer Álbum).

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Foto de Anna Batllo

 

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Casos Casos Resueltos CUADERNO Espacios Procesos

Nuestro primer caso resuelto: la Carpintería Lladó.

En medio del Barri Vell de Girona, en donde todo se borra y desaparece en una gentrificación sin marcha atrás, hay objetos que marcan una resistencia. Quien los mantiene a salvo en medio del flujo de las desapariciones, levanta una diminuta y personalizada revolución. Nuestro primer caso resuelto, denominado Primer Álbum, encontró ese lugar en donde la objetualidad continúa idéntica desde hace 70 años, objetualidad que funcionó a su vez como un archivo desde el cual pensar el presente de la ciudad: la carpintería ARMAND LLADÓ, sostenida por cuatro generaciones de carpinteros y ubicada en un edificio de mitad del siglo XIX, la antigua sala de baile y Teatro Odeón. Un edificio que no aparece en los libros de historia de Girona y dentro del cual al día de hoy, ejerce su oficio el último carpintero del barrio viejo. Llegamos poco antes de que las inmobiliarias, los nuevos contratos y la ausencia de generaciones sucesivas, contribuyan a clausurar la historia de este lugar. Nuestra agencia se instaló en su interior durante tres meses para después narrar su historia, y reconstruir el antiguo mapa de la ciudad a través de las facturas de la carpintería, pues por las manos de los Lladó han pasado múltiples comercios, servicios y espacios privados emblemáticos, desaparecidos entre otras razones, por la llegada masiva del turismo, pero cuya memoria sobrevive en los inventarios intactos del negocio.

Entre nuestros casos y nosotros se construye una geometría, por la que circulan vidas y objetos que nos llevan a otras vidas y otros objetos. En este caso, la madera y la casi extinta artesanía de los muebles, nos llevaron al reencuentro de una arquitectura borrada y a otras formas de habitar el barrio. Nuestro cómplice principal Armand Lladó y su hermano Joan, colaboraron con nosotros también poniendo la voz y el cuerpo en el resultado escénico presentado en la misma carpintería, para que pudiéramos rendir un homenaje en conjunto a este espacio impresionante, del cual no quedará ni un solo vestigio, cuando se construya en su lugar un restaurante o un hotel. Contaremos en varias entregas, los detalles de la vastedad que ha supuesto adentrarnos en este caso. Lo mejor de todo, el sentido de la complicidad con los Lladó, y el vivenciar cómo una pequeña comunidad se reconocía y participaba del encuentro adentro del teatro de objetos documental, empatía que nos hizo prorrogar más días de lo previsto, la experiencia.

Agradecemos mucho a David Continente de CONTIMARKU por el registro y el trailer que nos hizo.

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El carpintero Armand Lladó. Fotografía de David Continente.

 

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Fusteria Armand Lladó

 

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Fusteria Armand Lladó

 

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Armand Lladó en el Primer Álbum

 

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El escenario en ruinas del viejo Teatro Odeón

CUADERNO Espacios Objetario Objetos arquitectónicos Procesos

Las baldosas del taller de herramientas


Los fragmentos de baldosas cuasi invisibles que sobreviven afuera de un estanco de Girona, mismos que pertenecían a lo que fue un taller de construcción de herramientas de los Ensesa en los años veintes. Nosotros llegamos a esta localización gracias a los relatos que nos contó el recién fallecido restaurador de metales Joan Ensesa, parte de esta familia. (Forma parte de las investigaciones de nuestro caso resuelto Primer álbum).

Casos Casos Abiertos CUADERNO Procesos

Primer Álbum. El Solar en el Barri Vell de Girona.

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Actualmente nuestra oficina portátil permanecerá instalada en Girona, durante un periodo de tres meses.

Estamos en la construcción de Primer álbum muestrario vivo de apariciones objetuales especificas en las calles de la vieja Girona. Apariciones que nos han llevado a localizar los casos.

Haremos la apertura pública de la oficina con sus casos, a partir del 11 de noviembre del 2016 en el Festival Temporada Alta de Girona

Y publicaremos también en este sitio, los casos, que para entonces, serán casos cerrados.

Casos Casos Abiertos CUADERNO Procesos

EL SOLAR DEL ESTRAPERLO. El Barrio Chino de Barcelona a través de sus objetos

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Al día de hoy, un primer esbozo de la presentación del caso, fue una “conferencia poética” como parte de una residencia en el Museu Santa Mónica en Barcelona, en el marco del Festival IF.

El caso está abierto.

Los contactos establecidos y las investigaciones que ya realizamos están vigentes, vivas, seguimos ampliando el repertorio de datos e hipótesis, tenemos ya un banco objetual amplificándose.

Desde septiembre del 2014 comenzamos las derivas y los trabajos de campo dentro del llamado Barrio Chino de Barcelona, y hasta el momento nos hemos concentrado en el trabajo con dos comunidades protagonistas, debido a la vastedad de informantes que nos proponía el territorio. A continuación presentamos una pequeña muestra de todo lo que nos ha dado este trabajo:

La Asociación de Vecinos del Carrer Arc del Teatre, está constituida por varios socios, casi todos nacidos en los años cuarenta, quienes vivieron durante su infancia en el barrio chino. Su presidente Eduardo de la Vega, y algunos de sus miembros, se mostraron muy accesibles en la colaboración de este proyecto. Conversamos con ellos en la sede de su asociación, vimos fotografías, y nos relataron sus memorias, y a través de ellas, se percibían muchas maneras en las que operaba la materialidad en tiempos de la posguerra. Eduardo de la Vega cedió algunos de sus tesoros a la Agencia: el mechero del sereno Raval y un antiguo sifón que sobrevivía de una de las bodegas más emblemáticas del Barrio. Detectamos en sus testimonios un factor que nos pareció determinante para comprender esa materialidad: el estraperlo, tácticas de traspasar comida y materia prima de manera ilícita en épocas de racionamiento de alimentos y en épocas de hambre. Percibimos el potencial del reciclaje y posibilidad de extraer el aspecto mercantil de los desechos, pues “nada se tiraba, todo valía”, todo siempre podía re-utilizarse o re-venderse para algo, para alguien.

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Eduardo de la Vega, Presidente de la Asociación de Vecinos, Carrer Arc del Teatre, Raval, Barcelona

 

Algunos de los testimonios hablaban de:

-Perseguir a los fumadores para recoger las colillas de los cigarros, luego clasificarlas y venderlas.

-Las faldiqueras, las mujeres que llevaban faldas muy largas bajo las que escondían el pan u otras cosas que llevaban ocultas para vender de estraperlo en el “mercado del hambre”.

-Existía una “academia de piqueros”, una especie de “escuela de carteristas”

-Todo el Raval era un hervidero de gente traficando pequeñas cosas

-Se cocinaban pichones y palomas para el domingo

-Si dabas basura te daban perejil

-Utilizaban chapas (corcholatas) forradas con tela y un garbanzo para jugar al futbolito

-No se comía pero se reía mucho

El colmado de La Montserratina, ubicado en la la calle Montserat, representa para nuestra agencia, un pequeño museo de los objetos del Barrio, pues de forma orgánica, los vecinos comenzaron a llevar objetos viejos a modo de donación, que ahora forman parte de las estanterías más altas del negocio. La Montserratina es de los pocos expendios que se mantienen activos desde los años 30, y lo atienden los hermanos Jorge y Agustín Franco, hijos del dueño. Ellos se mostraron muy receptivos con nuestra Agencia, y participaron activamente con el relato y el préstamo de sus objetos.

img_4073_fotor_fotorTodos estos objetos presentan trayectorias vitales que nos hablan de ciertas migraciones,  afectos, estratos sociales, de extinciones y supervivencias, y de usos y costumbres del barrio. Algunos de los objetos que hay en La Montserratina:

cuatro radios y varios transistores

Una máquina de coser de marca singer que tiene 100 años hecha en Alemania.

El molino del dueño del Bar Pastis

Ampollas de los años 50 procedentes de la familia

Caja de galletas Birba que tiene más de 50 años

Caja de madera antigua con cerradura en la que se guardaban documentos

Caja de mimbre que utilizaba su abuelo para llevar al abuelo al trabajo

La sierra del abuelo de Jorge y Agustín Franco

Radios y cántaros del Bar Internacional

Balanzas de varios tipos y épocas.

Botellas antiguas y licoreras

Un reloj

Un ventilador

Una huevera con un diseño nunca antes visto por nosotros

La silla de la infancia del padre de los hermanos Franco, hecha por el abuelo.Este objeto nos llevó a crear una nueva categoría dentro de nuestro OBJETARIO: Objeto y memoria (mnemobjeto), en donde se puede profundizar un poco más sobre su importancia.

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Objetos de el colmado LA MONTSERRATINA

 

Nosotros detectives frente a los objetos reales dentro de la conferencia poética

Mantuvimos nuestro rol de “detectives poéticos de los objetos.” Fungimos como “re-animadores” de lo que en éstos se acumulaba. Trabajamos ante todo con “el grado cero”, con lo que era en sí mismo el objeto real (en múltiples casos con el objeto como documento, esto es, como fotografía), bajo dos premisas: los objetos no se animan sólo con las manos y no contaríamos nada que no estuviera contenido en el objeto. En este sentido, intentamos desplegar al máximo todos los informantes de las muestras, sin de momento involucrar nuestra historia individual. Se trataba de objetos ya bastante individualizados, subjetivizados, y nuestra tarea fue la de atender los límites de esa capacidad evocativa implícita en el objeto. “Nos cosificamos” de alguna forma al tratar de respetar el protagonismo de las materialidades encontradas; mediante ese respeto buscamos igualarnos en condiciones con “lo insignificante” y en momentos, conseguimos volverlos realmente protagonistas, abocados a lo que desde su grado cero ya representaban.

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Nuestra Agencia en el Museo de Arte Santa Mónica dentro del Festival IF

 

 

METODOLOGÍA

Muestra de la bitácora de la Deriva.

ANEXO I: PRIMERA CRÓNICA DE TRABAJO EN EL BARRIO

6 de octubre del 2014

Hoy he empezado el paseo por el mismo lugar que ayer: el Santa Mónica. Justo me he dirigido a la calle Montserrat, calle paralela a las Ramblas. Allí se encuentra el colmado “La Montserratina” en el número 8, comercio desde 1930 aunque el cartel diga 1942 creo… esto me lo detallan Jorge y Agustín, dos hermanos y herederos del negocio que conocen el lugar desde niños. El Colmado permanece tal y como era hace 50 años, con los cambios básicos de la época actual; pero muy orgullosos afirman que vuelven a utilizar la balanza de toda la vida, ya que la moderna se estropeó y la de siempre funciona sin problema. Es divertido escuchar y ver estos dos hermanos, que a simple vista uno podría pensar que son padre e hijo…

En la parte superior de las estanterías del colmado se encuentran objetos antiguos del barrio: algunos son de ellos, otros son regalos de vecinos que los han dejado justo para que estén en este pequeño espacio expositivo. Encontramos radios antiguas de distintas épocas, una máquina de coser, hueveras con luz incorporada para ver si el huevo es fresco o no lo es, utensilios para la venta como la balanza de cobre, coladores, cajas de galletas de metal… Es algo que me parece que ya lo he visto en otros lugares: las estanterías superiores son las menos prácticas, son casi como de escaparate / decoración. Es bonita la idea de que lo que permanece intocable es justo aquello que sigue estando lejos del alcance de la mano… quizá esta es una pista bonita para entender cómo proteger el patrimonio, los recuerdos… en las altas montañas, en los sótanos bajo llave, en las estanterías más altas, entre muros… en el silencio… en el secreto…

Me cuentan que hacia los años 30/40, había una señora que vendía en el colmado llamada Pilar Bardají, que combinaba el trabajo de dependienta con el de coser vestidos del teatro de la ópera, en el interior del colmado. Debe tener unos 96 años más o menos me han dicho, estuvo en el colmado hace 6 meses y cuentan que se acuerda de todo…

Hablando con ellos empezamos a detallar los distintos locales de la calle Monsterrat, y surge una idea que me gusta: escoger un segmento del barrio compuesto por distintas calles y rescatar todo lo que había: comercios, edificios, casas, personas, hábitos… actualmente la mayoría de locales no existen, o incluso los mismos edificios han desaparecido. Esta práctica la llevé a cabo ayer con la calle Monsterrat y la calle Arc del Teatre, y es un buen inicio para saber dónde estás realmente. Quizá es un trabajo que te permite ir entendiendo que lo que ves realmente existió, que para imaginar necesitas antes un imaginario que pertenezca más al lugar que a tí mismo.

 

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El Colmado LA MONTSERRATINA años cincuenta

 

La historia del barrio chino barcelonés está íntimamente ligada a la posguerra, así que muchas de sus historias cuentan la vida de esa época. Es interesante escuchar cuál es la época del barrio en el que se interviene, en cada lugar será un período distinto imagino (no nos tenemos que limitar a este período pero inevitablemente el barrio está impregnado de todo lo que sucedió durante estos años).

Así descubrí lo siguiente: En la calle Monsterrat, en la manzana justo donde se encuentra “La Montserratina” había, en este orden: -Colmado Pons (actualmente hay una librería que se llama “Casa del Libro Árabe”).
-Droguería La Moreneta.
-Bar

–El club de alterne “El Cádiz” (lugar mítico del que todo el mundo habla). Y del cual me contaron que todavía vive un hijo del propietario con muchas ganas de contar su historia.

-Y a principios de 1900, el Circo Barcelonés (de variedades). Lugar mítico que se pueda encontrar información en internet. En la calle de enfrente:
-Un bar de copas

-La bodega “La Isabel”, en el no 3. Me cuentan que esta bodega permanece intacta tal como era, con las botas de entonces. Está cerrada desde hace un montón de años pero el propietario pertenece a l’Associació de Veïns del Carrer de l’Arc, aunque ya no vive en el barrio. Me contaron (los de la asociación) que es un tipo muy distante y que sólo piensa en venderse la bodega… quizá con el tiempo podríamos conseguir que nos la enseñase… comentan que no será fácil pero bueno, se podría intentar?… sería fantástico poder hacer alguna visita a espacios-objetos parados en el tiempo. Esta bodega era un punto de encuentro conocido por todos.

-La Granja La Moliner

-El Cangrejo (comentan que lo de ahora nada que ver con lo que había antes).

-El Colmado La Cubana.

Siguiente acera:

-Un bar

-Una carbonería que luego fue una churrería para terminar siendo un taller mecánico. (me encantan las transformaciones de los espacios, ¿hasta cuántas veces puede cambiar un espacio?)